EL ZENETE. MARCO GEOGRÁFICO
El Zenete (Granada) es una pequeña comarca situada en la cara Norte de Sierra Nevada. Sin duda, lo primero que llama la atención del viajero es su extraordinario paisaje: la diferencia entre las elevadas cumbres de la Sierra y el llano; sus profundos y frondosos valles y la aridez del altiplano; las extensas vegas; los pequeños pueblos anclados en el pie de monte; el castillo-palacio de La Calahorra o las imponentes minas de Alquife.
En una mirada algo más detenida es posible observar el contraste entre un espacio natural abrupto pero, al mismo tiempo, muy humanizado. Hacia el Norte los cultivos se expanden por toda la zona llana. Hacia el Sur, la montaña se eleva por encima de los 3.000 m de altura en un espacio tradicionalmente muy utilizado por los pueblos, donde se ha llegado ha cultivar por encima incluso de los 2.000 m y en el que se han aprovechado tradicionalmente el monte y los pastos. Aunque resulte paradójico, la Sierra ha servido siempre como lugar de comunicación con la cara Sur, la de la Alpujarra, y no como espacio de separación. La presencia humana ha sido constante de manera que cada barranco, cada afloramiento rocoso, cada tajo o cada loma tiene su nombre. Así ha ocurrido desde siempre y puede verse incluso en la documentación árabe que se ha conservado desde el s. XII.
Pero, más allá de la fascinación, fascinación que provoca, el Zenete es un territorio de enorme interés desde el punto de vista histórico —aunque también sociológico, antropológico, medioambiental, etc.—. Su enorme complejidad puede quedar reflejada, por ejemplo, en el hecho de que se hayan documentado hasta un total de veintiuna estructuras fortificadas en los ocho pueblos que forman la comarca. Por supuesto, esta extraordinaria concentración resulta incomprensible si no se inserta dentro de la evolución histórica del territorio y se comprende que, ni todas ellas conviven en el mismo tiempo, ni tienen las mismas funciones o el mismo significado.
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El Zenete histórico
En época andalusí se llamó Zenete al territorio situado en la cara Norte de Sierra Nevada. Sanad, en árabe, significa ladera y hace referencia a su ubicación en las faldas de la montaña. Se extendía desde Jérez al Oeste, hasta Fiñana y Abrucena al Este, en la actual provincia de Almería. En época nazarí lo formaban un total de once alquerías que, aunque dependían de la cercana ciudad de Guadix, gozaban de una gran autonomía. Durante el breve espacio de tiempo que el Zenete estuvo bajo control de la corona —de diciembre de 1489 a marzo de 1490—, al proceder a evaluar los derechos de fiscales de los territorios conquistados antes de 1490, toda esta zona fue considerada como una entidad propia y diferente de Guadix.
Posteriormente, se creó el señorío del Zenete, donado a Don Pedro González de Mendoza, arzobispo de Toledo. El 30 de marzo de 1490 recibió las villas de Dólar, Ferreira, La Calahorra y Aldeire, que previamente habían sido separada de la jurisdicción de Guadix. Poco después, el 10 de abril, le fueron concedidas Alquife, Lanteira y Jérez con el lugar de Alcázar. El 3 de marzo de 1491 pasarán todas ellas a Don Rodrigo de Mendoza, hijo del Cardenal, por vía de mayorazgo. A este le será donada la villa de Huéneja, la más oriental, el 20 de junio de 1491, y recibirá el título de marqués. Siguieron perteneciendo a la jurisdicción de Guadix Abla, Abrucena y Fiñana, aunque separadas de su territorio, hasta que, finalmente, pasaron a depender de Almería.
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Geografía
El territorio del Zenete se extiende desde las cumbres de Sierra Nevada, al Sur, hasta las de la Sierra de Baza, al Norte, quedando en medio de ambas el amplio valle del Zalabí. Al Este limita con la provincia de Almería y, al Oeste, con la Hoya de Guadix. Es una comarca pequeña, que oscila entre los 3.000 m y los 1.000 m de altitud.
Al observar su paisaje lo primero que llama nuestra atención es la brusquedad del contacto entre las montañas de Sierra Nevada en el Sur y la penillanura, ligeramente inclinada, formando el valle. Esa primera impresión, creada por los contrastes de volúmenes, va a ser fundamental para comprender la comarca. En efecto, el Zenete es, sin duda alguna, una tierra de contrastes a todos los niveles: como hemos dicho, a las alturas y escabrosidad de Sierra Nevada al Sur y la Sierra de Baza al Norte se une el contraste de la llanura del altiplano situado entre ambas. Frente a la riqueza de los pastos y del subsuelo que generan una importante actividad ganadera y minera, la agricultura, fundamentalmente la agricultura de regadío, ha sido, a pesar de la pobreza de los suelos para esta actividad, la principal fuente de ingreso de la zona hasta los inicios de la implantación de la economía capitalista de tipo colonial a finales del s. XIX. La frondosidad de las vegas plagadas de árboles contrasta con la aridez de los terrenos no irrigados; las nieves perpetuas de la Sierra con el calor asfixiante del llano en el verano. La amplitud térmica hace que se alcancen temperaturas extremas.La comarca del Zenete se sitúa en el marco geológico de las Cadenas Béticas. Estas son el resultado de la compresión producida entre la placa africana y la europea durante el plegamiento alpino. Las características de la estructura geológica de la región van a determinar en gran medida su Historia como una tierra minera y son fundamentales para comprender la evolución de la organización del territorio. En la zona serrana está constituida por el complejo Nevado-filábride, con distintos tipos de mineralizaciones y menas explotables de plata, cobre o hierro. El altiplano, por su parte, está formado por depósitos neógenos-cuaternarios. A la riqueza mineral del subsuelo debemos contraponer la pobreza edáfica de la comarca. Efectivamente, en general, los suelos son pobres, constituidos por materiales sedimentarios depositados en las zonas mas llanas y no especialmente aptos para el desarrollo de la agricultura sin el aporte de agua y nutrientes de forma artificial. La litología principalmente detrítica fina de los sedimentos junto con el clima mediterráneo continentalizado son la causa de la aparición de un relieve de bad lands (tierras malas) muy peculiar en toda la depresión de Guadix, lo que la convierte en un caso único en el Occidente europeo.
Se calcula que hasta hace unos 80.000 años el régimen de sedimentación fue continuo en ambientes de llanura de inundación. La cuenca tuvo entonces carácter endorréico aunque se hace tributaria del Guadiana Menor con la elevación general de las Cordilleras Béticas que llevan a este sector del altiplano hasta una altitud media de 1100 m. El momento de la apertura de la nueva vertiente hacia el Guadalquivir por el Guadiana Menor es reciente y dio lugar a los procesos erosivos que han dado como resultado la actual red de drenaje.
El clima en la región viene marcado por la Sierra, es decir, por la altura, y por la continentalidad. Esta condiciona a su vez a la red hidrográfica, que se ordena de forma perpendicular a la dirección general del eje de Sierra Nevada, Este-Oeste. A través de los valles paralelos que en sus laderas se abren discurren arroyos y ramblas de Sur a Norte en busca del altiplano. Aquí pasan a formar parte de las cabeceras de dos cuencas mayores: una hacia el Oeste, desde el río de Guadix al Fardes y de ahí hasta el Guadiana Menor y el Guadalquivir y otra, al Este, la del río del Gobernador y el Nacimiento hasta el Andarax y el Mediterráneo. Esta red de forma dendrítica que baja desde las cumbres de Sierra Nevada con un régimen pluvio-nival es un aporte de agua imprescindible para una zona seca como esta y el principal elemento a partir del cual es posible construir las amplias vegas que hoy podemos apreciar. Sin embargo, la gradación Oeste-Este en los índices de humedad va a influir también en el desarrollo de los espacios irrigados y va a marcar un interesantísimo escalonamiento en los paisajes agrícolas, no sólo por su tamaño, sino por su estructura y formas de organización.
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Un paisaje humanizado
Desde época medieval, Sierra Nevada ha sido un espacio de montaña muy humanizado. A pesar de su altitud y de la presencia de nieves perpetuas en algunas zonas, ha sido lugar de contacto entre el Zenete, La Alpujarra y también Granada a través del valle del Genil y un territorio muy importante desde el punto de vista económico.
Ya en el s. XII, el geógrafo al-Zuhri afirma que Sierra Nevada “constituye una de las maravillas de la tierra puesto que nunca está sin nieve, ni en verano ni en invierno. En él se encuentra nieve de diez años de antigüedad que ya está ennegrecida y produce efecto de que se trata de piedras negras; pero, al quebrarla, aparece en su interior nieve blanca. En la cima de dicho monte no puede vivir ninguna planta ni ningún animal pero su base está poblada totalmente de habitáculos sin solución de continuidad. Esta parte poblada tiene una longitud equivalente a seis jornadas. En ella se encuentran muchas nueces, castañas, manzanas y moras, [llamadas] tut por los árabes. Es uno de los países de Dios [más productores de] seda”.
Como ya hemos dicho, al observar el paisaje del Zenete lo primero que llama nuestra atención es la brusquedad del contacto entre las montañas de Sierra Nevada en el Sur y la penillanura, ligeramente inclinada, formando el valle. Pero más allá de esa primera impresión, creada por los contrastes de volúmenes, se percibe rápidamente la existencia de un tercer dominio topográfico a lo largo de la línea de contacto entre el llano y el pie de monte. Se trata de una banda estrecha con dirección Este-Oeste, de apenas un kilómetro de ancho aunque sensiblemente irregular en su trazado, sobre la que se concentran los paisajes más humanizados. Hacia el Norte, a unos 1000-1200 m de altitud, se produce la transición con el altiplano, sin tanta brusquedad por la presencia de los cultivos que se prolongan a lo largo del valle. Aquí, una serie de cerros desprendidos de la masa principal de la sierra jalonan el paisaje condicionando la ubicación de los últimos pueblos y las características del parcelario. Hacia el Sur, la franja se dilata a intervalos para penetrar en la montaña, buscando los fondos de valle que bajan desde la Sierra perpendicularmente al eje Este-Oeste trazado por sus cumbres y el pasillo del Zalabí. Aquí es donde se localizan los ocho pueblos que conforman el Zenete y sus respectivas vegas.
Los términos municipales se organizan perpendicularmente a esta orientación, en estrechas franjas que se extienden de Norte a Sur ocupando prácticamente toda la longitud posible entre las cumbres de Sierra Nevada y las de Baza. Las únicas excepciones son las de Alquife y La Calahorra, que cubren esencialmente una fracción del altiplano y no poseen apenas montaña al Sur. A esto debemos añadir la reciente creación del municipio del Valle del Zalabí, que incluye a Charches en la falda de la Sierra de Baza, antigua aldea de La Calahorra y que rompe parte de este esquema. Esta estructura municipal, incluyendo la antigua adscripción de Charches, será fundamental para comprender la formación del territorio y su desarrollo.
De los elementos antrópicos del paisaje dos son los que más destacan: las extensas vegas que llevan los regadíos desde los fondos de valle hasta bien entrado el altiplano y la minería, especialmente destacable en el caso de Alquife, cuyas impresionantes escombreras son visibles desde toda la comarca.
La extensión del regadío es posible, no sólo por la existencia de unos recursos hídricos abundantes procedentes de las nieves de Sierra Nevada, que cumple una función de “pantano natural”, sino también gracias al control y organización de esos recursos en una extensa red de infraestructuras hidráulicas compuesta por numerosas acequias, balsas y aljibes.
(Texto extraído del libro de José Mª Martín Civantos, Poblamiento y Territorio Medieval en el Zenete (Granada). Publicado por la Universidad de Granada en 2007)
El ZENETE. POBLAMIENTO Y ORGANIZACIÓN DEL TERRITORIO.
A finales de época nazarí, el Zenete estaba compuesto por once alquerías ricas por su producción agrícola, especialmente de seda y bien pobladas. Con la concesión del señorío su número quedó reducido a ocho. Pero, como hemos tenido ocasión de ver, no siempre fue este su número. En época altomedieval en Jérez se encontraban cinco alquerías. Alquife no existía, pero en Lanteira había varios barrios dispersos por el valle. Lo mismo ocurre con La Calahorra y Aldeire. En Ferreira, Dólar y Huéneja, existían las mismas alquerías, pero sus barrios estaban separados y esparcidos por sus respectivos valles.
En época califal el Zenete se dividía administrativamente en dos distritos (iqlim), en los cuales había sendos alcaides. El oriental, formado por Huéneja, Dólar y Ferreira, se llamaba al-Qasis. El occidental, el iqlim al-Ahrash, estaba formado por La Calahorra, Aldeire, Lanteira y las alquerías que se encontraban en el término de Jérez (Bartillana, Mecina, Nus, Tuyina y Alcázar). Cada uno de los distritos tenía un castillo: en al-Qasis era el de Huéneja y en al-Ahrash el de La Calahorra. Posteriormente, en época taifa (s. XI), se creó el castillo de Alquife y el de La Calahorra perdió su función.
Sin embargo, a partir del s. XII comienzan a surgir castillos en todas las localidades y parece que los antiguos distritos castrales pierden importancia a favor de entidades más pequeñas. Esta entidad aparece claramente en época nazarí identificada con el castillo (hisn), que en el caso del Zenete coincide con cada una de las alquerías que lo conforman.
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Jérez.
Es la localidad del Zenete más extensa y poblada. El núcleo se extiende de Suroeste a Noreste con una forma triangular alargada junto al borde del barranco del río Verde. En el se distinguen tres barrios: el Alto, el Bajo y el de la Iglesia.
La primera noticia escrita que tenemos de Jérez la recoge el documento de venta de propiedades reales de 1330, pero también es mencionado en documentos antiguos de un pleito de aguas con Cogollos. El castillo de Jérez no aparece hasta el s. XII, seguramente tras la campaña de Alfonso el Batallador de 1125-1126 y coincidiendo con los importantes cambios que se producirán en esa centuria en el poblamiento en toda la comarca. Probablemente la alquería surgirá al mismo tiempo que el castillo y como resultado de esas transformaciones.
.- La torre del Pueblo (Jérez).
En la calle Alcázar se encuentra la conocida como Torre del Pueblo. Tiene planta rectangular de 3,80 por 3,65 m con orientación Noreste-Suroeste y desarrollo troncopiramidal. Conserva 11 m de altura aunque en tres de sus caras se le adosan casas. Está construida en mampostería encintada con verdugadas de lajas y refuerzo de sillarejo en las esquinas, como las cercanas torres de Alcázar y el Torreón, al otro lado del barranco. Su función podría ser la de atalaya, aunque también se ha propuesto que pudiera corresponderse con el alminar de una antigua mezquita de la localidad.
.- Baños de Jérez.
Junto a la iglesia se encuentran los restos de los baños. Debió de ser uno de los más grandes de todo el Zenete, algo lógico ya que fue también la más poblada y rica de sus alquerías. El eje del baño corre de Norte a Sur paralelo al barranco, con la caldera y la sala caliente hacia Sierra Nevada y la entrada y vestuario hacia el llano para aprovechar así el desnivel del terreno. De él se conservan únicamente parte de dos naves rectangulares paralelas orientadas de Este a Oeste.
.-Castillo de Jérez.
Está situado al Este de la actual localidad, en una plataforma inclinada que forma un meandro del río de Jérez. El cerro tiene forma triangular y el castillo se extiende desde la base, organizada en varios recintos y abancalando el terreno a diferentes alturas. En total son seis las terrazas que pueden distinguirse, aunque no todas corresponden a recintos amurallados.
El recinto más alto tiene forma triangular. En dos de sus lados la escarpada roca actúa de defensa natural a pesar de lo cual hay una importante muralla en todo su perímetro. En total son visibles restos de cinco torres unidos por sus respectivos lienzos de muralla. La mayor parte están realizados en tapial calicastrado de cal y cantos, excepto la esquina SE, que es de mampostería de lajas. En el interior encontramos, adosado a la muralla, un pequeño aljibe de planta trapezoidal. En principio podemos identificar dos fases: una primera de tapial calicastrado de cal y cantos y una segunda de mampostería. Respecto al tapial, encontramos paralelos en el castillo del Barrio de Lanteira mientras que la mampostería es de las mismas características que la del castillo de Alquife. Por la cerámica hallada, la construcción debe de fecharse como almohade con un uso continuado hasta final de época nazarí.
El sistema defensivo se complementa con tres torres más altas que el castillo encerrado en el valle y que le permiten tener visibilidad. Dos están en el lado Este y una en el Oeste, dentro del pueblo.
.-Torre de Alcázar.
Se sitúa en el lado Este del barranco, en frente del pueblo de Jérez y al Noreste del castillo. Tiene planta rectangular de dimensiones 7,40 por 6,90 m y una zarpa en la parte baja. Está construida con mampostería concertada y encintada por verdugadas de lajas y refuerzo de sillarejo en las esquinas. Conserva, además, restos del enfoscado en algunas partes. En la parte superior la obra se adorna con numerosos fragmentos de escoria de pequeño tamaño dispuestos en hiladas.
Por su tamaño y estructura es una típica torre de alquería, que sirve de refugio para la inmediata población del barrio de Alcázar, que anteriormente había sido una alquería independiente. Sin embargo, por su posición, debía ser al mismo tiempo una atalaya que diera aviso al castillo de Jérez. Debe de ponerse en relación también con el cercano Torreón de Jérez, situado unos metros más al S. y del que quedan escasos restos. La técnica constructiva en mampostería encintada de lajas con refuerzo de sillarejo en las esquinas la fecha casi con total seguridad a partir de mediados del s. XIV. No obstante, la presencia de escorias solamente en la parte superior podría corresponderse tal vez con una reforma posterior. Esta técnica decorativa podemos encontrarla también en algunas zonas del castillo de Alquife, aunque en esa ocasión se trata de mineral y no de restos de fundición.
.-Torreón de Jérez.
Es la tercera de las torres que rodean el castillo y está también situada al Este del barranco, pero al Sureste de la fortaleza. Por sus dimensiones es posible que también fuera habitable o que sirviera de refugio al igual que la cercana de Alcázar y por su construcción debería fecharse también a partir de mediados del s. XIV.
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Alrután.
Está en el cerro de la Lorita, en el límite con el término municipal de Cogollos de Guadix, sobre un espolón rocoso que se asoma al valle de Jérez por encima de las minas de Sta. Constanza. Se trata en realidad de un asentamiento fortificado de origen íbero-romano, abandonado en época altoimperial y reocupado en el altomedioevo. Aunque ha sido excavado, no se ha distinguido la fase de ocupación medieval solo reconocible hoy día por la cerámica de superficie. Por su situación debe corresponder a un asentamiento de altura, uno de los castillos del Zenete nombrados la fitna o revuelta del s. IX que se rindieron a ‘Abd al-Rahman III a comienzos del X.
Dentro del recinto se distinguen diversas estructuras adosadas a la muralla. Recordemos que A. Casas mencionaba hasta diez habitaciones que hoy día son casi irreconocibles. Lo que si es claramente visible es la cisterna tallada en la roca. Junto a los afloramientos rocosos y la cisterna hay abundantes escorias y restos de barro sobrecocido con concreciones de mineral de hierro, cobre y escoria que corresponden a hornos de fundición. Es obvio que la actividad metalúrgica se realizaba dentro del recinto amurallado tanto en época romana como en la altomedieval y que debían de aprovecharse los minerales presentes en la zona.
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Lanteira.
Es una de las ocho localidades que componen la comarca del Marquesado del Zenete. Se extiende de Sur a Norte junto al barranco del Pueblo con una forma ligeramente triangular. No ha sufrido cambios importantes en su fisonomía en los últimos cincuenta años ni un crecimiento significativo. En la actualidad se distinguen cuatro barrios: el Alto, el del Fuerte, el de la Iglesia y, al otro lado del río del Pueblo, el de Vista Alegre, hoy ya despoblado.
En la documentación castellana se dice que, de 1500-1510, Lanteira tenía dos alguaciles encargados de la recaudación de las rentas: uno para el barrio de Fardaximea o Hardagima (el barrio de la mezquita) y otro para los barrios de Benizahala y Benahaque, luego conocidos como el Xarafi. Lo que actualmente se conoce como Lanteira fue, hasta la expulsión de los moriscos, el mencionado como barrio de Fardaximea o Hardagima. El lugar de la mezquita mayor de la alquería debió corresponderse con la ubicación de la actual iglesia parroquial y, junto a ella, existió un aljibe que abastecía de agua a la población y servía de fuente para las abluciones. Este depósito no ha llegado hasta nosotros. Se encontraba en los bajos del antiguo convento contiguo a la iglesia, después ermita de S. Marcos. Los vecinos lo recuerdan antes de su destrucción hace pocos años con motivo de la rehabilitación del convento para sala de usos múltiples de la localidad. Era de grandes dimensiones, tenía una sola nave y estaba cubierto por una bóveda de cañón de mampostería.
Al barrio del Fuerte le da nombre la fortaleza del mismo nombre ya descrita. Un torreón rectangular seguramente con un recinto amurallado alrededor que serviría de refugio a la población y cuya construcción creemos debería situarse a partir del s. XII.
El baño de Lanteira se encuentra a algo más de quinientos metros al Este de la actual población, sobre la margen izquierda del río del Barrio, algo más al Sur del Castillo del Barrio y el cementerio del pueblo. De su estructura no se conserva hoy más que el muro Sur de una nave que sirve de parata para un bancal. Los vecinos más ancianos de Lanteira aseguran que hasta hacía relativamente poco tiempo se había conservado una nave completa.
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Barrio del Jarafí.
Respecto al Jarafí, se encontraba junto al castillo y el río del Barrio. El pago de la vega situado en esta zona se llama también Jarafí. Allí es posible encontrar cerámica en superficie correspondiente a época almohade, nazarí y morisca (ss. XII-XVI). Tenemos igualmente noticia de la aparición de restos humanos y lajas de esquistos al Sur del barrio, en la margen contraria del Barranco Hondo. Allí encontramos, efectivamente, alguna laja de gran tamaño que los agricultores afirman haber sacado de tumbas y que ellos han reutilizado como partidores o refuerzo de acequias. Pero anteriormente, habían existido otros dos barrios con nombres tribales, Benizahala y Benahaque, que acabaron uniéndose a partir del s. XII para formar el Jarafí. Podría en este caso avanzarse la hipótesis de que la construcción del castillo del Barrio, pudiera haber servido de polo de atracción y concentración de la población cercana.
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El Fuerte de Lanteira.
Esta situado dentro del núcleo urbano, en la calle del Fuerte. Es una torre de importantes proporciones, seguramente dentro de un recinto amurallado, un albacar del que podrían quedar restos en las paratas de la ladera que baja al río del Pueblo. La planta es ligeramente rectangular, de 14,40 m por 14,10 m, con dirección en el lado mayor Este-Oeste. A primera vista parece sin duda una torre de alquería. Sin embargo, sus grandes dimensiones y la presencia de un posible recinto amurallado anexo nos lleva a pensar en que posiblemente se trate de un pequeño castillo, en realidad no muy diferente de muchas torres de alquería con albacar y de tipología muy similar al de Ferreira. En todo caso habría que ponerlo en relación con las otras dos fortificaciones localizadas en Lanteira: la del Barrio, de cronología imprecisa aunque posiblemente de época almohade y el Castillo de la Reina, algo más lejano, cuyo abandono data final del siglo XIII o comienzos del XIV. En este caso el Fuerte se encuentra claramente asociado al poblamiento, dentro de lo que era el núcleo habitado de al menos uno de los barrios, situado al Oeste y junto a la acequia madre del río del Pueblo. Por lo que respecta a su cronología, resulta complicado establecerla sin una intervención arqueológica, pero a partir de la técnica constructiva es posible establecer alguna hipótesis. A nuestro juicio, debería ser anterior a las torres de Jérez construidas a mediados del s. XIV con mampostería encintada.
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Castillo del Barrio.
Se localiza en un pequeño cerro al Este de la actual población, sobre el cementerio de la localidad y el río del Barrio, en un espolón rocoso amesetado que apenas sobresale en el paisaje. Es una pequeña fortificación de planta rectangular y orientación Suroeste-Noreste. Es obra de tapial en su totalidad sobre una base de mampostería de lajas. El tapial es calicastrado aunque tiene numerosas lajas de esquistos de gran tamaño en su interior formando tongadas. Muchas son para sujetar las agujas del encofrado, pero otras hiladas intermedias le confieren un aspecto cercano al tapial de cal y cantos. El mortero es pobre en cal y tiene un color terroso oscuro a causa de los esquistos.
La fortificación no está en una zona preeminente ni defendible prácticamente por ninguno de sus flancos. Como hemos dicho, es una obra homogénea, uniestratigráfica. La cronología del monumento creemos que debe retrasarse hasta época almohade. Aunque no es un elemento definitivo, la técnica constructiva en tapial calicastrado de calicanto ha sido también descrita para el castillo de Jérez en el s. XII.
Pero como decimos, por su situación en una zona llana y poco defendible y su estructura de planta regular con torres adosadas poco efectivas, nos inclinamos a pensar que no se trata realmente de un castillo. Parece además convivir en el tiempo con el Castillo de la Reina primero y con el Fuerte después. A nuestro juicio podría proponerse la identificación con un ribat, una estructura castral con un fin fundamentalmente religioso. De confirmarse su cronología, es tentadora la opción de ponerlo en relación con la presencia en Lanteira, a finales del s. XII y comienzos del XIII, de Al-Yuhanisi, un santón oriundo de Ohanes que tiene familia en esta alquería del Zenete y que la visita en varias ocasiones para desarrollar actividades de carácter religioso.
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Castillo de la Reina.
Está ubicado en el cerro del Castillo, al Suroeste de la población, entre los barrancos del Pueblo y de los Molinillos. Se trata de un castillo de pequeñas proporciones, situado en la parte más prominente del cerro, asociado a un poblamiento más amplio que ocupa toda la cima. La cerámica es abundante. Se nos presentan dos conjuntos bien diferenciados: uno altomedieval, entre los siglos VIII-X y otro almohade y de comienzos de época nazarí (ss. XII y XIII). Para el segundo momento de ocupación se ha propuesto la identificación de este yacimiento con la alquería de Alcázar (Jérez), que habría podido buscar un lugar más alto y defendible tras la campaña de Alfonso el Batallador de 1125-1126. Su abandono también coincide con la aparición del barrio de Alcázar de nuevo en la zona llana, frente al pueblo de Jérez.
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Alquife.
Su nombre es seguramente del árabe al-kahf, que significa “cueva”. El nombre, a la vista de las minas, parece apropiado. En la ladera Sur del cerro se ubicaba la antigua alquería andalusí. Aquí hemos encontrado abundante cerámica y material de construcción. Pero sin duda, el hecho más significativo es la existencia, en los perfiles dejados por las minas a cielo abierto y sus derrumbes, de muros de mampostería y de un relleno que en algunos puntos llega a ser considerable.
Tampoco podemos saber casi nada sobre el entramado urbano o su extensión. Es posible que llegara hasta el llano, donde hoy se localiza el pueblo. La iglesia fue edificada originalmente sobre el solar de la antigua mezquita. El templo se encuentra junto a la calle Acequia. Esta canalización marcaría el límite del área de regadío y, al igual que ocurre en otras localidades, el contacto entre la vega y la alquería a través de la mezquita y su fuente. Por el empadronamiento de 1550 sabemos que algunas de las casas lindaban con la acequia y que había una plaza, seguramente frente a la antigua mezquita. A la iglesia se dirige una de las acequias principales del Barranco del Barrio de Lanteira que es el que da agua a Alquife y su vega. Junto a ella se encontraba un aljibe que debía ser de características parecidas a los de los otros pueblos y que servía para abastecer a la población y como fuente para las abluciones antes del rezo.
Además del de la Iglesia existen otros cuatro barrios más: San Antonio, San Hermenegildo, Virgen de Begoña y el Poblado Minero. Todos son de reciente construcción excepto quizás el de S. Antonio, situado en la ladera opuesta al cerro del Castillo por debajo de la vieja ermita del mismo nombre, encima de las eras. Unos metros al Sur de esta pequeña iglesia es posible ver los restos de una estructura cuadrada. Aparentemente sólo tiene una habitación de reducidas dimensiones. Es posible que se trate de una ermita aún más antigua o, incluso de una primitiva rábita.
Las fuentes castellanas se dice expresamente que Alquife no tiene baño y que debe de compartirlo con Lanteira. Los alquifeños habían de pagar cuatro celemines de cebada cada uno, dos menos que los de Lanteira por no tener baño propio.
- Castillo de Alquife.
Los restos del castillo se encuentran, sobre el cerro situado al Norte del actual pueblo, dentro del coto minero. Está íntimamente relacionado con la minería y, de hecho, se ha visto afectado por esta y sus derrumbes.La construcción seguramente se produjo en el s. XI, en época taifa, en estrecha relación con el control de la producción de hierro. Posteriormente, la fase en tapial calicastrado supuso una reducción del espacio defensivo, destruyendo intencionadamente la parte Este y creando una fortificación rectangular más pequeña. La última fase, ya en época nazarí, es la de mampostería.
Como decimos, el castillo de Alquife está ligado a la explotación minera. Su construcción supuso la creación de una nueva alquería, con un nuevo término, que se segregó de Lanteira, con la que comparte su vega y sus aguas y una importante reorganización del territorio en el s. XI.
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Aldeire.
Es el más alto de todos y el situado más al Sur, hacia el interior de Sierra Nevada. La localidad actual se encuentra junto al cauce del río Benéjar, también llamado río del Pueblo o de los Molinos. Se organiza en varias barriadas: Bentarique y el Secano en la loma del Castillo; en la siguiente loma, la de Luna o de las Viñas, se encuentran los barrios de la Calle Alta, las Torres, Huertecillo y calle Real; por último, al otro lado del río Benéjar, en la loma del Cercao, está el barrio de Triana. Este último es el único actualmente separado del resto. Sin embargo, en la planimetría aún es posible observar parte de la antigua división del núcleo urbano, partido en dos por el Barranco del Castillo.
El topónimio Aldeire (al-Dayr), significa monasterio, aunque no hemos encontrado noticia ni resto alguno de una posible instalación monástica. Bentarique es un nombre árabe de origen que hace referencia a la tribu de los Banu Tariq.
En el interior del pueblo se encuentran los baños y la que hemos denominado como Fortaleza en la calle de Las Torres. La iglesia está en el barrio de Bentarique, de nuevo en el límite con la vega. Tenemos noticia de la aparición de una sepultura argárica en el barrio del Huertecillo y de diversos enterramientos de adscripción desconocida en las eras de S. Marcos, Casas Nuevas, pago de S. Gregorio y eras del Castillo.
Quizá más interesante sea la noticia del hallazgo de un horno cerámico al construirse la pista de tenis de una pequeña urbanización llamada Casas Nuevas o Pueblo Pizarro, situada al Sur.
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Castillo de la Caba.
Se encuentra en el cerro del Castillo, al Sureste de Aldeire. Su nombre significa el castillo de la Cuesta, seguramente por encontrarse en el camino del puerto de la Ragua cuyo paso controla. Alrededor de la fortaleza hay abundante cerámica. Hacia el Norte sería posible que hubiera existido poblamiento. Desde luego la fortaleza estuvo habitada y seguramente su entorno dada la gran cantidad de cerámica en superficie. A juzgar por estos restos, su construcción se produjo en el s. XI, como el castillo de Alquife, aunque su sentido es distinto y seguramente deba de ponerse en relación con el paso a las Alpujarras y las luchas con el vecino reino taifa de Almería.
- La Fortaleza.
Está ubicada en el interior del pueblo, en la calle conocida por Las Torres, sobre una elevación en la confluencia del río Benéjar con el barranco del Castillo. En el lugar se observan gruesos muros de mampostería de más de un metro de espesor que circundan toda una manzana. En algunas viviendas recientemente rehabilitadas o completamente demolidas han aparecido claramente estos muros. Sobre el plano de esta manzana aún pueden observarse los salientes de los torreones. Seguramente debiera de tratarse de un torreón con un pequeño recinto como los descritos en Ferreira, Lanteira o Dólar que comienzan a configurarse en época almohade. Este proceso parece culminar a comienzos del periodo nazarí con el establecimiento definitivo de una red de pequeños castillos junto a las alquerías y a las vegas, estructura que se mantendrá hasta la implantación del poder castellano con la concesión del Zenete como señorío al Cardenal Mendoza. La construcción de la Fortaleza debería coincidir en todo caso con el abandono del castillo de la Caba a comienzos del siglo XIV al igual que ocurriría con el Castillo de La Reina.
De esta construcción nos queda además una escueta noticia escrita que viene a confirmar su presencia. Se recoge en el empadronamiento de 1550. En cualquier caso, en esta época el castillo ya no debiera de estar en uso.
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Baños de Aldeire.
Los baños de Aldeire se encuentran en la margen derecha del río Benájar o río de los Molinos, cerca de la calle del Rastro. De sus estructuras aún quedan importantes restos. El baño se orienta de Sur a Norte, aprovechando la pendiente. La construcción está realizada con mampostería de lajas encintada por hileras de ladrillo y tomada con un mortero de tierra y cal . En ladrillo están realizados los arcos de las puertas y las bóvedas. Su abastecimiento, se hacía de una cercana fuente llamada del Tiro que se secó en 1981, aunque también podría haberse hecho desde el propio río Benéjar a través de una de las acequias que discurre justo por la parte alta, por la calle del Rastro.
El baño se construyó en 1529, seguramente sobre los restos de uno anterior. A él acudían también los vecinos de La Calahorra ya que allí no había ninguno. Al igual que los demás baños del Zenete, estuvo en funcionamiento hasta 1566, cuando se prohibió su uso a los moriscos.
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La Calahorra.
A pesar de no ser la población más importante del señorío será escogida como capital del mismo a finales del s. XV seguramente por estar situada en el centro de la región. Como recuerdo han quedado en el caserío algunos edificios de mayor porte y mejor factura pertenecientes ya a época moderna.
En el documento del empadronamiento de 1550 se recoge la existencia de un aljibe y una fuente junto a la puerta de la iglesia. Esta fuente existe hoy día aunque transformada. Además de esta encontramos la antigua fuente de Los Caños, que recibía el agua a través de dos cimbras que nacían en el río Benéjar, en Aldeire. Como en el resto de las alquerías, la mezquita y su fuente servirían seguramente de límite entre el núcleo urbano y la vega. Este hecho es aún parcialmente visible puesto que, hacia el Sur, todavía se encuentran numerosos huertos con sus tapias de mampostería y tapial de tierra.
El aljibe de la iglesia tal vez pueda identificarse con el que se cita en el pago de Benigayz, por lo que habría que deducir que recibió su nombre de un barrio de la población de origen árabe. Es posible por tanto que la iglesia/mezquita de La Calahorra se hallara en el barrio de Benigayz.
- Castillo andalusí de La Calahorra
Ocupaba gran parte de la cumbre del cerro de La Calahorra o del Castillo. Hoy se encuentra en buena medida bajo el más conocido castillo-palacio de comienzos del siglo XVI. Los fragmentos de muros y torres conservados después del desmantelamiento de la fortaleza por parte del primer marqués del Zenete para la construcción del nuevo edificio, se concentran en la zona Noroeste y Norte. A nuestro juicio se deben distinguir dos fases: La más antigua habría que relacionarla con los restos de estructuras de hormigón que aparecen a lo largo del cerro y podrían pertenecer a un castillo de mayores proporciones que verdaderamente ocupara toda la cima. Sería una fortificación de las denominadas de cremallera, del mismo tipo que la de Aldeire o la primera fase de Alquife pero de mayor tamaño aún. No sabemos si tal vez englobara parte del poblamiento como en el caso de Aldeire. Así parece desprenderse por la gran cantidad de cerámica a lo largo de todo el cerro. Una fase más reciente se corresponde con el gran torreón y los restos de tapial calicastrado. Es posible que correspondan a una estructura parecida a la del Fuerte de Lanteira o la Alcazaba de Ferreira. Como sucede en el caso de Alquife, podría tratarse de una reducción del espacio fortificado hasta llegar a convertirse en una pequeña estructura castral compuesta por una torre habitable y un recinto amurallado alrededor. Esta parece ser la tendencia general en todo el Zenete. Si así fuera querría decir que, o bien las estructuras de la fase anterior son inservibles o fueron destruidas de manera intencionada como parece suceder de nuevo en Alquife.
Respecto a la cronología absoluta, la cerámica presente en el cerro indica que la ocupación podría retrasarse, aunque con dificultades hasta época califal. El propio topónimo podría corresponder a este periodo.
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Ferreira.
La primera noticia que tenemos es de Idrisi en el siglo XII. Lo nombra como un castillo en la ruta de Almería a Guadix famoso por sus frutos. De nuevo, al igual que en Alquife y La Calahorra, la alquería se sitúa en uno de los cerros descolgados del pie de monte, en medio de la llanura y, concretamente, en medio de una amplia vega, que no llega a ocupar el caserío. En este caso el cerro es de menores dimensiones y la población no ha descendido al llano. El castillo quedó en buena parte inutilizado con la construcción del denominado como “El Palacio”.
Muy cerca de la Alcazaba, algo más abajo, se encuentra la iglesia que, como en todos los demás casos, debería de corresponderse con la antigua mezquita de la alquería. La puerta principal se encontraba hacia el Oeste, cerca de la acequia que le daría agua, la misma que llega a los baños. Modernamente se abrió una nueva puerta en el Este obligando a cambiar el Altar Mayor para dar entrada desde la plaza del ayuntamiento. En el caso de Ferreira tenemos además otro testimonio de la organización del poblamiento. Se trata de la calle Macaber, literalmente “cementerio” en árabe, todavía en el cerro y fuera de la zona irrigada, que debía ser el lugar de enterramiento de la alquería andalusí.
- La Alcazaba de Ferreira.
Está ubicada en el interior de la población, junto a la calle Alcazaba y adosada a la casa llamada “El Palacio”. Se trata de una gran torre cuadrangular, de unos 12 m de lado, embutida en gran medida entre el caserío de manera que el único lado parcialmente visible desde el exterior es el Suroeste. Seguramente el torreón se insertara en un recinto amurallado. Sería así un pequeño castillo tal y como lo nombra el geógrafo al-Idrisi en el siglo XII. De hecho, las estructuras que vemos actualmente es posible que pertenezcan a esa época.
- Baños de Ferreira.
El baño de Ferreira se encuentra a la entrada del pueblo, junto a la acequia principal que va a la balsa. Desconocemos las fecha de su construcción, pero con toda seguridad es posterior al s. XII. Estaba en funcionamiento a comienzos del s. XVI según un documento de 1511 y no tenemos noticias de que posteriormente se llevaran a cabo reformas o restauraciones de ninguna de sus partes. Al igual que el resto de los baños del Zenete estuvo en funcionamiento hasta 1566, cuando se prohibió su uso a los moriscos.
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El Cardal.
Se localiza en la cumbre de una pequeña colina al Norte de Ferreira. Se trata en realidad de un importante asentamiento fortificado ibérico, asociado a las minas existentes en la base del monte y en el que es posible encontrar numerosas escorias. Sin embargo, al igual que ocurría en el caso de Alrután, en Jérez del Marquesado, sus estructuras fueron reutilizadas en época altomedieval tal y como lo pone de manifiesto la presencia de un volumen de cerámica significativo.
El asentamiento tiene dos recintos amurallados: el primero a media ladera con muros de mampostería y el segundo, más pequeño, en la cima, de forma casi rectangular orientado Oeste-Este, siendo algo más estrecho este último lado. Conserva restos de murallas y torres de importante entidad construidos en su totalidad con mampostería no concertada. Casi toda la construcción pertenecería a la época ibérica excepto algunas partes altas de los muros que se ven reformadas con la misma piedra dispuesta de manera más irregular y ligeramente ataluzada. Su ocupación medieval comienza en los siglos VIII/IX y su definitivo abandono debe producirse durante el califato. Podría tratarse pues, de otro de los celebres castillos del Zenete durante la fitna abandonados tras someterse a ‘Abd Al-Rahman III a comienzos del siglo X.
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Castillejo de Ferreira.
Se encuentra en la margen izquierda del barranco del pueblo, en un cerro situado a unos 600 m al Suroeste de la población. Se trata en realidad de un conjunto de asentamientos más complejo, esparcidos por buena parte de la ladera las Viñas Bajas, con distintos espacios de habitación y de trabajo. Dentro de este conjunto encontramos lo que consideramos los restos de un recinto fortificado de forma ovalada y de unos 15 m en su eje mayor de dirección Suroeste-Noreste. Apenas se perciben algunas estructuras, pero su localización sobre un pequeño espolón rocoso nos lleva a pensar que se trate de una estructura defensiva. En superficie es visible solamente un muro de mampostería de lajas no concertada y tomadas con tierra. Está situado al Sur y une varias rocas que afloran en el terreno. En el Noreste, un hoyo en el terreno podría ser indicio de la existencia de un aljibe. Por sus pequeñas dimensiones debe de tratarse sólo de un lugar de refugio asociado al poblamiento que se extiende por toda la ladera.
A la espera de un estudio más profundo, es posible afirmar la relación de este asentamiento altomedieval con otros de las mismas características, asociados igualmente a la minería y situados en lugares elevados como el cerro de Alrután, el castillo de la Reina, el Cardal o el cerro de Zamarriche en Dólar. Todos ellos son lugares abandonados a comienzos del siglo X tras la campaña de ‘Abd al-Rahman III.
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Dólar.
Tenemos noticia de la existencia de dos aljibes por la documentación del apeo de 1571. En el interior de una de las viviendas cercanas a la iglesia. Al aljibe primero y la estructura de la calle del Carmen podría llegar sin problemas el agua de una de las acequias madre de la vega que atraviesa hoy el pueblo y daba agua a los baños del ayuntamiento viejo y a la vega baja. Su agua abastecería a la población y, en época andalusí, serviría para realizar las abluciones antes de entrar al rezo en la mezquita.
-Baños del Antiguo Ayuntamiento de Dólar.
En los sótanos del antiguo ayuntamiento, en la calle Real, unas bóvedas empleadas como almacenes municipales se han mostrado recientemente como los restos de un antiguo baño. Es de pequeñas dimensiones y lo conforman tres naves prácticamente rectangulares y paralelas cuyos ejes mayores se orientan de Este a Oeste. Las tres miden aproximadamente 4,35 m por 2,30 m. El baño se organiza de Sur a Norte. Resulta difícil saber cual de las dos estructuras de los extremos sería la sala caliente y cual la fría y, por tanto, hacia que lado se situaría la caldera y la entrada del baño respectivamente. La roca que aflora inmediatamente debajo de la nave meridional parece hacer difícil la presencia de un hipocausto para calentarla y es posible que el recrecimiento del suelo de la parte Norte obedezca a este hecho. Esto, sin embargo, obligaría a llevar el agua hacia la parte septentrional del baño para de nuevo conducirla hacia el Sur desde la sala caliente a la fría.
- Castillo de Dólar.
Está ubicado en el cerro que domina la población. Aunque ha sido alterado por la construcción de un gran depósito de agua, es posible reconocer bastantes de sus estructuras. Seguramente tenía planta cuadrangular con dirección Norte-Sur en su eje mayor y dos recintos, ambos de reducido tamaño. El reducido espacio que ocupa la parte superior y su forma regular sugieren la posibilidad de que este pequeño recinto pudiera ser un torreón como el de Ferreira o el de Lanteira, rodeado por una muralla de un tamaño algo mayor. Respecto a la cronología de construcción, la cerámica y la primera referencia escrita nos llevan al s. XII. Es el geógrafo al-Idrisi el que menciona Dólar como un lugar fortificado famoso por las peras que produce. En esta época ya encontramos un territorio bien organizado, con una opción económica fundamentalmente agrícola.
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Zamarriche/ El Castillejo de Dólar.
Está situado al Suroeste de la actual población, sobre la margen izquierda del río del pueblo, en el denominado Puntal de Zamarriche. Se trata de un yacimiento extenso y complejo, que hay que poner en relación con los del cerro de los Hornillos y cerro de las Almas y con la actividad minera. Ocupa toda la cima del cerro, separada de las estribaciones de Sierra Nevada, el punto más accesible, por un espolón rocoso. Tiene forma alargada y muy estrecha orientada de Suroeste a Noreste.
El yacimiento está muy alterado y no sería fácil decir si se trata de un asentamiento estable o tan solo de un refugio. Por la cerámica, seguramente debió de ser este uno de los castillos del Zenete participantes en la fitna del siglo IX y sometidos por ‘Abd al-Rahman III a comienzos de la centuria siguiente. Pero no podemos determinar si la fortificación estaba ya construida y servía como refugio desde antes de la revuelta o fue construida a propósito. En cualquier caso, como ya hemos dicho, habría que ponerlo en relación con las poblaciones del pie de monte situadas en el cerro de los Hornillos y el de las Almas.
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Huéneja.Zamarriche/ El Castillejo de Dólar.
Ha sido tradicionalmente la segunda localidad más poblada después de Jérez, situada al otro extremo de la comarca. Es también la más antiguamente documentada por las fuentes escritas. Tenemos noticias de Huéneja (Winya) ya desde el siglo IX durante la fitna o revuelta producida en el emirato. Éste sería uno de los castillos fieles a los Omeyas, en el que permaneció varios días Hisham, tío del Emir ‘Abd al-Rahman II en el año 896.
La localidad se distribuye a lo largo de varias colinas y barrancos de los cuales el más importante es el río Izfalada, que atraviesa el casco urbano y pasa junto a la iglesia. En la ladera más oriental se encuentra el barrio del Albayzín; en la colina del centro el barrio del Castillo; en la parte baja la Rambla y la calle del Agua, donde se ubican los baños; en el margen izquierdo del Izfalada están el barrio de la calle Graná y la calle Once Casas y, por último, en el extremo Oeste, el Barrichillo y Alto Lugar, que estuvieron separados del resto del núcleo hasta hace poco tiempo.
Junto a la iglesia existe aún hoy día una antigua fuente para llenar los cántaros con un abrevadero para ganado. La fuente se nutre una de la acequias del sistema de riegos que lleva el agua hasta a un aljibe. Con bastante probabilidad, al igual que ocurre en el resto de pueblos del Zenete, el solar de la iglesia se corresponda con el de la antigua mezquita musulmana y la fuente serviría también entonces para las abluciones.
- Castillo de Huéneja.
Se encuentra en el llamado barrio del Castillo, dentro de la localidad, sobre una pequeña elevación al Sur de la iglesia, en el margen derecho del rio Izfalada o Huéneja. Son muy escasos y fragmentarios los restos, visibles sobre todo en los ángulos Noroeste y Sureste, donde quedan vestigios de torres así como algunos trozos de muralla entre las casas del barrio. Por lo exiguo de las estructuras se hace muy difícil la interpretación de las mismas. Tenemos noticias de Huéneja ya desde el siglo IX. Sin embargo, los restos que hoy vemos muy posiblemente no tengan nada que ver con aquella primera fortaleza, sino con el conocido como castillo de Montaire, mencionada en el s. XI en las luchas entre los reinos taifas de Granada y Almería.
- Baños.
Los baños de Huéneja se encuentran en la denominada calle del Agua, en la zona Nordeste del pueblo. Los restos conservados son, sin duda alguna, de gran interés. El baño debe fecharse a partir del s. XII. Según un documento castellano, estaba en funcionamiento en 1511 y no tenemos noticias de que posteriormente se llevaran a cabo reformas o restauraciones de ninguna de sus partes. Al igual que el resto de los baños del Zenete estuvo en funcionamiento hasta 1566, cuando se prohibió su uso a los moriscos.
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Torre de Huéneja/La Torrecilla.
Está situada en la rambla del Gobernador, en el lugar llamado La Torrecilla, sobre el antiguo cordel de Guadix a Almería por Fiñana. Era una atalaya seguramente de planta circular y figura cilíndrica. Estaba construida con mampostería, pero actualmente solo queda un gran montón de piedras de 1,70 m de altura que seguramente entierre parte de la torre. Formaría parte del sistema de comunicación en el mismo camino de Guadix a Almería pasando por Fiñana aunque también daría aviso en caso de peligro a parte del Zenete.
(Texto extraído del libro de José Mª Martín Civantos, Poblamiento y Territorio Medieval en el Zenete (Granada). Publicado por la Universidad de Granada en 2007)
LA AGRICULTURA DE REGADIO EN EL ZENETE
Uno de los elementos antrópicos del paisaje que más destacan de su paisaje son las extensas vegas que llevan los regadíos desde los fondos de valle hasta bien entrado el altiplano. La extensión de esta agricultura es posible, no sólo por la existencia de unos recursos hídricos abundantes procedentes de las nieves de la Sierra, que cumple una función de “pantano natural”, sino también gracias al control y organización de esos recursos en una extensa red de infraestructuras hidráulicas compuesta por numerosas acequias, balsas y aljibes.
En el Zenete, las vegas penetran en la montaña a través de los barrancos buscando los fondos de valle. Aquí, donde las pendientes son más elevadas, los bancales se hacen más comunes y más altos, adaptando el terreno pero, al mismo tiempo acomodándose a el, haciéndose más estrechos y alargados en los barrancos y más espaciosos y regulares conforme penetramos en la zona llana. El acondicionamiento del terreno en terrazas y las acequias condiciona también una estructura parcelaria muy irregular, especialmente en las zonas más montañosas, pero, conforme avanzamos hacia el Norte, las hazas se hacen cada vez más regulares marcando una transición con los campos de secano. Los cultivos son muy variados y abundan los árboles, sobre todo en los linderos de las parcelas y las paratas que sujetan los bancales. Sin embargo, al igual que antes, al penetrar en el llano el árbol va desapareciendo dejando paso a las tierras de cereales. Esta transición se hace de forma gradual, de manera que se pueden distinguir tres dominios: en primer lugar la vega, que ya hemos descrito someramente, en segundo el secano, que cruza el valle del Zalabí y se prolonga hasta la Sierra de Baza, al Norte, no recibiendo más aportes hídricos que las siempre escasas lluvias. Y, en medio, el campo, una zona regada de forma esporádica, cuando los sobrantes de agua lo permiten. El riego en esta última zona es fundamentalmente primaveral, cuando deshielo hace más abundantes los caudales de los ríos, pero está siempre en función de la pluviometría. En el estío, la disponibilidad de agua disminuye y no se pueden mantener como tierras de vega con cultivos de verano.
Sólo los tres pueblos orientales (Ferreira, Dólar y Huéneja), de los ocho que forman la comarca, poseen sus aguas de manera exclusiva. El resto ha de compartirlas al menos con otro: Aldeire lo hace con La Calahorra, Lanteira con Alquife y Jérez con Cogollos, Albuñán, Alcudia, Esfiliana y la propia ciudad de Guadix. En los cuatro primeros, las vegas se continúan y confunden entre sí. En el caso de Jérez la diferencia de términos y zonas de cultivo está más claramente delimitada. En todos los casos, las diferencias y formas de poblamiento tienen una explicación histórico-arqueológica.
Todas las localidades aprovechan las aguas de Sierra Nevada que baja por las barranqueras y ríos. Provienen pues, sobre todo del deshielo, aprovechando la función de “pantano natural” a la que nos referíamos anteriormente. Sin embargo, el sistema para abastecerse de agua es algo más complejo y extremadamente ingenioso.
El agua se toma a través de acequias de derivación que se alzan a diferentes alturas. Las más altas se sitúan alrededor de los dos mil metros de altura, e incluso algo más arriba, debajo de los tajos y prados de las cumbres. Las presas y acequias son de tierra. Estas corren por las laderas de los profundos valles soltando el abundante agua proveniente de las nieves a través de lo que se denominan chortales o chorreras, esto es, aberturas en las acequias que dejan escapar el agua que riega las faldas de las laderas. A esta operación se la denomina “careo”. Estas acequias sólo funcionan durante el invierno y la primavera, pudiendo llegar incluso hasta junio, siempre y cuando el agua sea abundante.
Su objetivo fundamental es que el agua se filtre a través del sistema de fallas y fracturas del manto nevado-filábride, recargando los acuíferos que irán manando y resudando en la base de los ríos durante el verano, cuando más falta hace y más escasos son los recursos. Los manantiales pueden ser fuentes naturales o bien minas de agua excavadas artificialmente. En la boca de algunas se ha construido una pequeña balsa para acumular el agua, seguramente en época contemporánea ya que la pretensión es que el agua llegue al río para ser posteriormente derivada mediante presas. De manera subsidiaria, pero igualmente importante, los chortales o chorreras consiguen también crear praderas artificiales con abundante pasto o hazas para la cría de cereal de primavera. El cultivo en estas zonas parece haberse extendido junto con los secanos a partir del s. XIX y, sobre todo, tras la guerra civil, cuando según los agricultores de la zona “se recogía tanto cereal en la Sierra como en el llano”.
Generalmente, antes de que se alce la primera acequia principal o antes de que esta comience a regar, suele haber algunas hazas o un pequeño pago en el fondo del valle, junto al río, aprovechando algún anchurón en una zona no demasiado umbría. Algunas de estas parcelas están asociadas a un pequeño cortijo o a un molino y pueden tener su propia balsa al comienzo de los bancales para acumular el agua, ya que en algunos casos aprovechan sólo las sobrantes. Es usual que la mayor parte de los molinos se encuentren al comienzo de los sistemas de riego, pero también hay algunos en medio, incluso dentro de las alquerías. En estos casos se sitúan sobre la acequia madre. La explicación es sencilla: se ubican antes de que el agua comience a dividirse por los innumerables brazales para aprovechar el mayor número de horas posible de molienda y la mayor cantidad de agua que de presión a su maquinaria. Su construcción no entorpece el funcionamiento de las acequias puesto que el agua empleada para mover las piedras vuelve inmediatamente a ellas. Lo mismo ocurre con los antiguos baños, que están integrados dentro de las estructuras de riego y con toda seguridad sus desagües se aprovechaban posteriormente.
Los azudes para alzar las acequias principales de las vegas se encuentran alrededor de los 1400 m de altitud. Lo normal es que haya una por río, pero en realidad la situación se complica posteriormente. La mayor parte de los sistemas tienen una balsa. En ella desemboca la acequia principal. Sin embargo, por lo general, la balsa se encuentra en medio del sistema y no al comienzo. Su función es reguladora de los riegos que se realizan por debajo con el agua que se acumula a partir de la puesta de sol para no tener que regar por la noche y aprovechar así toda el agua. De la acequia madre y de la balsa se toman los brazales o “parás” para cada uno de los alfoces o pagos en los que se dividen las vegas. El riego se realiza por riguroso turno prefijado por cada uno de los distritos, desde los más próximos a la balsa a los más lejanos o viceversa. Es decir, se rige por un orden estrictamente topográfico. Cada riego que se da a todos los pagos de la vega se llama tanda. La duración de esta varía según las disponibilidades de agua. En otoño e invierno, cuando el agua es abundante, el riego se hace “a tajo”, siguiendo el mismo orden pero sin límite de tiempo. Es entonces también cuando se riega el campo. Por el contrario, cuando escasea, se reparte a minutos por superficie de tierra y sólo es para la vega. La unidad de medida es normalmente el cuarto de suerte
. El tiempo se calcula en función del agua disponible y esta a su vez se establece por golpes de agua. Lógicamente, las tandas se hacen más cortas en días, no sólo porque se controle el tiempo, sino también porque las elevadas temperaturas obligan a un aporte hídrico más regular. El agua se puede vender o ceder y cada agricultor puede regar lo que quiera con la que le toca.
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Un paisaje histórico
El origen de todo este sistema de organización de la producción agrícola debemos buscarlo, sin ningún género de dudas, en época andalusí. Obviamente ha sufrido transformaciones a lo largo de los años, especialmente con la expulsión de los moriscos y posterior repoblación a finales del s.XVI y con el proceso de modernización y mecanización del campo iniciado en la segunda mitad del s.XX.
El regadío aparece la documentación de 1568, tras la expulsión de los moriscos, prácticamente como la única superficie cultivada en el Zenete. Es cierto que lo que se considera como secano ocupa una superficie mayor que la de riego, pero su importancia es, en realidad, mucho menor: primero porque la superficie se expresa en leguas pero, sobre todo, porque son tierras de uso común, no apropiables y de las que no se llega a aprovechar más que una pequeña parte. El derecho de uso se mantenía durante dos años, tiempo necesario para el barbecho, de manera que si al tercero no se sembraba, el terreno quedaba libre. Así sucedía también en los campos.
La misma situación se presenta casi veinte años antes, en 1550, en el Empadronamiento que los marqueses realizan de las posesiones de los habitantes del Zenete con fines fiscales. Es sin duda un documento excepcional, escrito todavía en árabe y castellano. Aquí sólo se contabilizan las tierras de regadío, entre las que se incluyen vegas, huertas, viña y arbolado. Ni el campo ni el secano son propiedad privada como acabamos de ver y son objeto de fiscalización por los marqueses solo indirectamente a través de un impuesto que grava la posesión de un animal de labranza llamado "renta del campo". A este se une en 1516 la gabela, llamada "pan del campo", repartida localmente y expresión del volumen de tierras roturadas que los campesinos aprovechaban
Las vegas del Zenete son de un gran tamaño en relación a otros espacios hidráulicos estudiados en otras zonas de al-Andalus. Aunque es complicado fechar la construcción de estos espacios, su creación corre paralela a la conquista árabo-beréber del 711 y a la instalación de gentes venidas desde Oriente fundamentalmente a lo largo del s. VIII.
La zona de Guadix y todo el corredor que abarca el valle del Zalabí y el río Nacimiento hasta Almería estuvo fuertemente arabizada. Es una área de predomimio de yemení, en la que se instalaron numerosas tribus que han dejado en parte huella en la toponimia y la documentación. En La Calahorra encontramos el pago de Banu ‘Usaylah, el de Banu Gayth y Banu Husay, en Aldeire el río y el pago de Banu Ibrahim y de Benéjar, el pago de Beni Munxel y el barrio de Bentarique, en Lanteira el barrio de Benizahala y el de Benahaque y en Dólar el cortijo de Benajara. Todos ellos hacen referencia a nombres de tribus árabes asentadas en esta comarca.
La implantación de la agricultura intensiva de regadío es obra de estos nuevos pobladores árabo-beréberes, inmigrados fundamentalmente a lo largo del s. VIII y organizados según lazos de parentesco. Al asentarse en la ladera Norte de Sierra Nevada crearán los primeros espacios irrigados según una lógica social tribal.
La distribución geográfica de sus asentamientos se realiza en función de la posibilidad de crear los espacios irrigados, que son la base fundamental de la organización del territorio. Surgirá así un nuevo tipo de poblamiento, la alquería, entendida no solo como lugar de asentamiento rural, sino también como unidad territorial que gestiona su término y los recursos que en él se encuentran.
Pero el establecimiento de estos nuevos pobladores y sus formas de organización espacial plantea el problema de la relación con la población indígena hispano-visigoda, ligada en buena parte a la minería y a una tradición agrícola extensiva y de secano. Las transformaciones sociales que se produjeron en este período son complejas y pasan por la arabización e islamización de la población indígena, pero también por la pérdida de la identidad tribal y el paso de las estructuras de parentesco a las vecinales dentro del marco de la aljama “la comunidad musulmana”. En el s. X, con el califato cristaliza todo este proceso con el triunfo del Estado islámico y, a nivel rural, con la consolidación de las alquerías, integradas en distritos castrales más amplios y una orientación económica basada fundamentalmente en la agricultura intensiva de regadío.
La estructura de los sistemas de riego se mantendrá en buena medida invariable, ya que se trata de estructuras muy estables y difícilmente transformables parcialmente sin causar una modificación en todo el conjunto. Esto no quiere decir que no haya una evolución histórica.
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Jérez del Marquesado
Jérez es el pueblo más occidental de los ocho que componen el Zenete. Por ello, por la cantidad de tierras de montaña y porque en su término se encuentra la parte más elevada y occidental de Sierra Nevada, es la localidad con mayor grado de humedad, la que disfruta de más agua. Esto hace que sea el territorio que ha tenido una evolución más compleja aunque, en el fondo, siga el mismo modelo que el resto. A esta circunstancia se une el hecho de que Jérez ha conservado un interesantísimo cuerpo documental de época andalusí. Jérez, además, comparte aguas con otras alquerías que no se consideran parte del Zenete, sino que entran de manera más directa dentro del alfoz de Guadix. Incluso una parte del agua riega las tierras de la vega accitana y abastecía a la ciudad. Sierra Nevada se eleva aquí hasta los 3.141 m de altitud en la Loma de Jérez y los 3.090 en el Picón de Jérez. Es la única localidad que dispone de tres ríos para abastecerse: por el Oeste corre el arroyo Bernal, el menos caudaloso; por el centro, el Alhorí y, al Este, el río de Alcázar. Estos dos últimos se juntan antes de llegar al pueblo formando el río de Jérez o río Verde.
El sistema de acequias y riegos comienza por encima de los dos mil metros de altura, en el Ventisquero del Corazón y Tajo de las Chorreras Negras, cabecera del río Alhorí, se saca la acequia del Corazón. Es un caz de tierra que recorre la falda de la montaña hasta la meseta de las Hiniestas sobre el camino de Jérez a Granada por Güejar Sierra. Aquí, en la cabecera del río Bernal descarga el agua recogida haciendo un trasvase de cuenca. Algo más abajo, en la cabecera del barranco de Hervás, a unos mil novecientos metros de altura, se alza otra acequia más, llamada del Jaral o Aral. Según las noticias recogidas, parece que esta también llegaba hasta la cuenca del Bernal, pero también se utilizaba para carear las laderas según ya hemos explicado.
En total, de los tres ríos se toman cuatro acequias, aunque originalmente eran cinco. Estas riegan cinco áreas yuxtapuestas pero independientes y bien delimitadas, cuyas aguas no se mezclan. En realidad se trata de cinco vegas diferentes que, sin solución de continuidad, forman un único espacio agrícola.
Del río de Alcázar se toman dos acequias unos metros más arriba de la junta con el Alhorí: por la derecha sale la acequia de Alcázar y por la izquierda la de Guadix. La de Alcázar riega la zona del mismo nombre que incluye todas las tierras situadas entre el río de Jérez y el del Pueblo de Lanteira al Este. La acequia de Guadix se toma por la izquierda del río de Alcázar. Inmediatamente cruza el Alhorí y el Bernal cambiando dos veces de cuenca y regando el espacio inmediatamente al Oeste del arroyo Bernal hasta llegar al término municipal de Albuñán. Desde aquí regaba la vega de este pueblo y la de algunos otros situados más abajo y hoy desaparecidos hasta llegar finalmente a Guadix.
Del río del Alhorí no se alza más que una acequia madre, la acequia de Jérez o de Cogollos Alta, que se saca por la izquierda. Originalmente eran dos, y hoy día de hecho se divide en el Seminario de San Torcuato: recta, hacia el Norte, continúa la de Jérez y por la izquierda cae la de Cogollos. La de Jérez llega al pueblo, donde se encuentra la balsa, y riega todo el espacio que hay entre el río Verde y el arroyo Bernal. La de Cogollos cambia de cuenca y cruza el Bernal, regando la parte occidental, por encima de la acequia de Guadix, hasta llegar a la balsa y la vega de Cogollos.
El arroyo Bernal riega exclusivamente la parte más occidental, llamada Alrután, por encima aún de la acequia de Cogollos.
En realidad esta división se corresponde históricamente con la existencia de cinco alquerías anteriores a la creación de Jérez: al Este se encontraba la de Alcázar, que regaba con el río del mismo nombre el pago que hoy sigue llamándose así. En el extremo Oeste se encontraba Bartillana, cuya vega se corresponde con el pago de Alrután. La acequia de Guadix regaba la vega de Nus antes de llegar a Albuñán y la de Cogollos, antes de llegar a este pueblo abastecía las tierras de la alquería de Mecina. Por último, en el centro, donde hoy se encuentra Jérez, es posible que existiera otra alquería antes del s. XII, llamada Tuyina. En ese siglo se creó el castillo de Jérez y seguramente se creó un núcleo de población cercano. Esta alquería irá absorviendo al resto de las localidades y sus términos a lo largo de los tres siglos siguientes, de manera que al final del período nazarí solo subsistirá Alcázar como un barrio de Jérez hasta que desaparezca definitivamente con la expulsión de los moriscos.
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Lanteira-Alquife
Las aguas de estas dos localidades forman dos vegas a partir de dos ríos, el del Pueblo y el del Barrio. Sin embargo, al contrario de lo que se podría pensar no, cada pueblo no tiene su propia vega, sino que las aguas del río del Barrio son compartidas entre los dos.
El sistema de riego comenzaba, mucho más arriba de la vega, alrededor de los 2.000 m de altitud. En lo alto de la Sierra, por encima del Puntal de los Vencejos, cargaba la acequia del Maguillo del río del Pueblo que servía para el careo de las laderas de Sierra Nevada. El mismo sistema existe para el río del Barrio donde encontramos dos acequias a unos 2.200 m de altitud.
La vega de Lanteira está compuesta en realidad dos vegas yuxtapuestas sin solución de continuidad. La vega alta se riega con el río del Barrio, que debe compartirse además con el vecino municipio de Alquife. La vega Baja se abastece del río del Pueblo y es, además, el que riega la mayor parte del campo. Del río del Pueblo se saca una sola acequia madre, que pasa por Lanteira y la dividía en dos barrios. La balsa se encuentra a la salida de la localidad, de la que sale una única acequia que enseguida se divide en tres.
Del río del Barrio se toma una sola acequia madre por la izquierda junto una vieja fábrica de luz hoy en desuso. El partidor de aguas con Alquife se encuentra algo más abajo, delante del Molino de Pepe: Recta, a la misma altura, continúa la acequia de la vega de Lanteira hasta su balsa y, hacia la izquierda, se vierten las aguas por una cascada que llega al río, de donde se vuelve a tomar algo más abajo otra acequia por la derecha que llega hasta Alquife tras haber regado más tierras de Lanteira. Nada más entrar en el término de Alquife se encuentra la balsa de este pueblo, de la que sale una única acequia que posteriormente se va dividiendo para dar agua a la vega.
Los espacios irrigados de Lanteira y Alquife forman parte del mismo sistema hidráulico que fue construido, por tanto, al mismo tiempo. Esto explicaría los derechos sobre el agua de que goza Alquife. Pero, sin embargo, la creación de la alquería de Alquife sería posterior a la de Lanteira. Esto explicaría la anomalía de su término y la división entre ambos forzada y artificial y de un tamaño mucho más reducido para Alquife. Es probable que la alquería de Alquife se creara a raíz de la fundación del castillo en el s. XI, en clara relación con la actividad minera y con el poder estatal zirí y de esta manera se segregara del término de Lanteira. Por su parte, en Lanteira están atestiguados varios barrios que se encontraban separados: en el actual núcleo se encuentran el de La Fortaleza y el de la Iglesia (antigua mezquita) y en el lugar conocido por El Barrio, se localizaban los de Benizahala y Benahaque, que posteriormente se unieron en el barrio del Jarafí.
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Aldeire-La Calahorra
El caso de estos dos pueblos es muy similar al de Lanteira y Alquife. De nuevo nos encontramos con dos ríos, el Benéjar y el Benabre, que forman dos vegas diferentes, pero el espacio de riego de La Calahorra se forma compartiendo las aguas del primero con Aldeire.
En el caso de Aldeire hemos documentado también el mismo sistema de acequias que se toman a una elevada altura para carear las laderas de la Sierra con el abundante agua del deshielo.
El río Benabre es mucho menos caudaloso. De él se sacan varias acequias que dan agua a una superficie irrigada mucho menor. Tras dos pequeñas tomas que riegan algunas paratas en la margen derecha, se carga por la izquierda el caz de Las Viñas, también llamado de Los Lirios, mucho más largo que las anteriores. En la junta del barranco de Olmos con el Benabre, se alza la acequia del Malacate, que riega también un pago pequeño a la derecha. De aquí, se carga el caz del Balsoncillo por la derecha y La Veguetilla por la izquierda. El primero toma altura por encima del camino que viene de Aldeire y llenaba una balsa chica. La última de las acequias que se sacan del Benabre llena enseguida la balsa de Ana Marín, que se encuentra en la margen derecha. Desde ella sale la acequia del Gorgo, que cruza el río por un moderno tubo metálico, pasa por debajo de las paratas de La Veguetilla. Una vez atravesado el barranco de Las Perdices se abre ganando altura y llega hasta más allá del lugar conocido como La Fábrica.
Del río Benéjar se alzan varias acequias madres: Por la izquierda se alzan la del Candil, las Partidas y Miguel Ruiz, Mocarra y San Juan y se encuentran dos balsas en el llano (la de Benéjar y la Nueva). Por la derecha se cargan la de Los Molinos Alta y Baja, la acequia Alta, la del Caz y la de Chapela. Es un sistema mucho más complejo, que abastece también al pueblo y al campo, y cuyas aguas son compartidas con La Calahorra a través de varias acequias y ramales.
En el término de Aldeire pueden encontrarse hasta cuatro sistemas de captación de aguas subterráneas. Son conocidas como cimbras porque recogen las aguas que se filtran en el cauce de la rambla que permanece seca en superficie. Tres de ellas atraviesan dan agua a La Calahorra. La cuarta si abastece un trozo de la vega de Aldeire, concretamente los ramblones del cortijo de D. Rafael, situados junto al cauce de la rambla de Aldeire. La cimbra más alta comienza por debajo de la toma de la acequia de la balsa; la más baja en la junta del Benéjar y el Benabre. En la vega de Aldeire son visibles algunos registros de las conducciones subterráneas que sorprendentemente tienen un gran tamaño. Ambas cimbras se unen en el Pradillo, justo en el límite de los términos municipales. Desde allí una única conducción lleva el agua hasta la fuente de Los Caños por tuberías de barro. De la fuente salían dos conducciones: una a la derecha y otra la izquierda, cada una con una pequeña alberca y con un lavadero que se usaba de forma alterna en función de por donde fuera el agua. La tercera de las cimbras daba agua al cortijo del Administrador, situado en el campo. Comenzaba a la altura de La Fábrica de Aldeire y corría paralela a la cimbra del cortijo de D. Rafael. Después abandonaba el cauce y se metía por debajo de los ramblones de este cortijo, donde es visible un registro actualmente cegado y seguía en línea recta hasta llegar a la balsa del cortijo del Administrador. Allí salía por una fuente que los vecinos conocían como el Borbotón y daba riego a toda la propiedad hasta el final del campo. Estos sistemas, llamados qanat por los árabes, son introducidos en el s. VIII por los nuevos pobladores llegados de Oriente, aunque no podemos precisar por el momento si estos cuatro interesantes ejemplos serían tan antiguos.
Como dijimos al comenzar la descripción, el territorio de Aldeire-La Calahorra, tiene prácticamente las mismas características que el de Lanteira-Alquife y parece que siguen el mismo proceso de evolución. Al igual que estos, las vegas de Aldeire y La Calahorra, son de hecho la misma vega. Su división es artificial o, si se quiere, puramente administrativa. En cambio, dentro de Aldeire, Benabre y Benéjar forman dos vegas perfectamente distinguibles, que no mezclan sus aguas más que en la Balsa Nueva y es seguramente una modificación posterior.
Aldeire y La Calahorra no sólo riegan con el mismo río, sino que tienen las mismas acequias e incluso la misma balsa para los dos pueblos. Así, el caz de Las Zorreras riega algunas paratas de La Calahorra. La acequia del Pradillo se desdobla en dos ramales, uno para Aldeire por arriba y otro para La Calahorra, pero se sigue considerando un mismo caz y tienen el mismo nombre para el pago a ambos lados del término municipal. Del caz del Molino sale la acequia Madre, que da agua a una parte de la vega de La Calahorra y es al mismo tiempo la principal del campo de Aldeire. Por último, la Balsa de Benéjar servía para los dos pueblos y se repartían el agua en función de las tandas. Actualmente, La Calahorra se sirve de una pantaneta construida en los años ochenta del s.XX que ha desfigurado en parte esta organización.
Por otra parte, al igual que le ocurría a Alquife, el términos municipal de Aldeire se encuentra partido, estando separado su campo por parte de la vega de La Calahorra.
Originalmente ambas localidades formaban parte de una única alquería, seguramente llamada Aldeire, en la que existía un poblamiento disperso en barrios (harat) que en su origen tuvieron una base tribal cuando menos importante. Ya hemos hecho mención a la localización de numerosos topónimos de tribus árabes en esta zona (siete en total entre Aldeire y La Calahorra).
Esto significa que las dos vegas se formarían en un mismo momento porque, de hecho, son la misma. Esta unidad y contemporaneidad explican además los derechos sobre el agua del río Benéjar. En cualquier caso, si originariamente la de Aldeire y La Calahorra se configuraron como una única vega, con una única balsa y con las mismas acequias, cuando se separaron sus términos o lo que es lo mismo, cuando se constituyeron como alquerías independientes la una de la otra, el sistema ya estaba plenamente consolidado y se mantuvo inalterado.
El término de La Calahorra es un claro reflejo de que fue esta la que se desgajó de Aldeire, al igual que fue Alquife que se separó de Lanteira. Por eso ninguno de los dos pueblos tiene tierras de monte en Sierra Nevada, es decir, no controlan las aguas que riegan la vega, y sus términos aparecen partidos.
Esta separación se produjo seguramente en el s. X, en época califal, cuando se construye el primer castillo de La Calahorra. En ese caso debería ponerse en relación también con el proceso de implantación del Estado Islámico y la conformación en la parte occidental del Zenete de un distrito castral en esta época cuya cabecera sería, precisamente, esta importante fortificación.
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Ferreira
El caso de Ferreira es más sencillo que los anteriores. Su término municipal aún guarda la forma alargada que hemos considerado típica de la comarca. En este caso la longitud de su jurisdicción se ve acentuada por la estrechez de la misma. Como en las demás localidades, es el agua la que determina estructura de los términos.
En el puerto de la Ragua se forma el río del pueblo, llamado Arroyo Hondo, que es el que da agua a la vega de Ferreira. Además de este, se aprovechan también las escasas aguas de la pequeña Rambla de Romaila.
Del arroyo Hondo se toma una única acequia madre. La acequia principal se cargaba por la izquierda algo más arriba de la Fuente de la Marquesa y tomaba altura enseguida para mover el primero de los molinos de Ferreira. Por la derecha no se riegan más que unas pocas paratas con dos minas de agua.
De la acequia principal se toman por la izquierda el ramal de los Bravos, el de los Avellanos y el de los Canalones, que cruza el barranco de las Colmenas por un precioso ejemplar de acueducto en mampostería con un solo ojo de medio punto. Posteriormente, la madre cruza el río hasta la margen derecha por un moderno tubo metálico, que sustituye a otro acueducto hoy desaparecido. Allí daba agua a otro molino a cuya salida se dividía en dos: recta, en dirección al pueblo, continúa el ramal que pasa junto a la localidad y llega a la balsa; a la izquierda cae la acequia de la Aicará o Aicalá, que enseguida cruza el río otra vez a la margen contraria y corre paralela por abajo a la de los Canalones prolongándose mucho más allá.
La acequia madre sigue bordeando las casas y, al llegar al final del pueblo, curva al Este y se mete por debajo de la casa conocida como “La Posá”. En su pared, cubierto con una bóveda de cañón, hallamos un partidor. Recto discurre un pequeño brazal por debajo de las casas que daba agua al baño y sigue para dar agua al Rincón. Por la izquierda, cruzando la calle, el agua movía el mecanismo de una antigua carpintería hoy cerrada y que los vecinos denominan molino. A su salida la acequia principal vuelve a partirse en tres: A la izquierda se toma La Rueda; hacia la derecha sale el ramal de los Panteones, que pasa junto al cementerio y, por el centro continúa la acequia madre que, tras regar algunas paratas, llega enseguida a la balsa.
No acaba aquí sin embargo el riego por el río, porque otro brazal más rodea la balsa por el Este, junto al camino del Medio, abasteciendo otros dos pagos. El caz se llama La Puente y recibe su nombre por un pequeño acueducto de mampostería.
La balsa de Ferreira son, en realidad, dos yuxtapuestas una a continuación de la otra. La primera es la principal y la segunda, más pequeña, se utiliza en caso de que bajara mucha agua y no entrara en la más alta. Están construidas con taludes de tierra y en su parte frontal tienen un muro donde se abre la compuerta que regula el riego. Sobre la compuerta hay una pequeña caseta que guarda la llave para abrir el portón de la balsa.
La balsa tiene una única salida que inmediatamente se divide en dos, pero que tres paratas más abajo se vuelven a unir en un partidor. Desde aquí, existe una única acequia madre llamada el Caz. A izquierda y derecha salen otros ramales secundarios.
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Dólar
El término municipal de Dólar, como el resto de los del Zenete, tiene forma alargada. Se organiza de Sur a Norte, desde las altas cumbres de Sierra Nevada al llano del Valle del Zalabí, volviendo a ascender las laderas de la Sierra de Baza en la parte septentrional. El pueblo se ubica de nuevo en el pie de monte de Sierra Nevada, alrededor de un pequeño cerro descolgado del macizo montañoso.
En las Juntas, se unen los dos principales barrancos que bajan de la Sierra para formar el arroyo de los Castaños que continúa hacia el Norte alcanzando el llano. Allí muere el río de Dólar, cuyas aguas se filtran sin desembocar en ningún otro río. También existe otra rambla, todavía más pequeña, llamada de las Viñas, cuyas aguas no se juntan con la de los Castaños y acaban igualmente filtrándose en el llano.
Del arroyo de los Castaños se toma una primera acequia por la izquierda a uno 1400 m de altitud para dar agua al molino Alto. Antiguamente se cargaba una nueva acequia que regaba un pago a la izquierda del río, entre el puntal del Zamarriche y el Cerro de Almas, hoy prácticamente abandonado. Sin embargo, la acequia principal de la vega se saca un poco más abajo por la derecha. Enseguida se divide un brazal por la derecha llamado de los Canalones. La madre continúa recta y, por debajo del molino de Guisao, se carga por la izquierda la acequia de las Llaverías, que cruza el río para regar algunos pagos de la margen contraria. Justo antes de llegar a la balsa, de la acequia principal sale otro brazal que discurre junto al camino del Alba.
La acequia madre llega entonces a la balsa del pueblo. Es el ejemplo mejor conservado de los del Zenete y un lugar especialmente atractivo. Esta está construida en tierra con gruesos taludes sembrados de espesa vegetación para que los muros no se desmoronen. Sobre el muro Norte se encuentra la caseta del partidor que guarda la llave de la compuerta que regula el riego. El agua sale de la balsa a través de una galería forrada de mampostería con bóveda de cañón. Desde ahí se reparte en dos acequias: una hacia el Oeste y otra que se dirige al Este, que a su vez se dividen en numerosos brazales. La oriental llega hasta la entrada del pueblo, donde hay un partidor que divide la madre en tres acequias: el Linchero, los Berbeles y la madre. El Linchero continúa por el Oeste, bordeando el pueblo y el cerro del Castillo. La de los Berbeles pasaba antiguamente por encima del barrio Alto y hoy hace su recorrido entre las casas. La madre atraviesa el pueblo dividiendo el barrio Alto y daba agua a la localidad y a sus baños. A la salida de las casas se vuelve a partir en dos caces para regar el campo: el de las Huertas por la derecha y el de la Canal en línea recta.
Además del barranco de los Castaños, Dólar aprovechaba las escasas aguas que bajaban de la rambla de las Viñas, al Este del término municipal. De su cauce se cargaba una pequeña acequia llamada El Chorro que regaba algunas paratas, tomando altura hasta alcanzar el camino de Las Alpujarras donde acababa el caz de los Canalones. Junto al camino continuaba regando hacia la derecha hasta la rambla y llenaba la balsa de los Ovejeros. El agua de esta balsa se subastaba entre los agricultores.
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Huéneja
El término municipal de Huéneja tiene forma alargada y se extiende de Sur a Norte, desde las cumbres de Sierra Nevada hasta las de la Sierra de Baza enfrente. En medio queda el amplio Valle del Zalabí con sus extensos llanos. Hacia el Este, justo en el límite con la provincia de Almería, acaban las altiplanicies y comienza la cuenca del río Nacimiento.
El pueblo se encuentra sobre el río Izfalada, en el pie de monte de Sierra Nevada, en medio de una extensa vega que aprovecha las aguas procedentes de las altas cumbres del macizo montañoso. Su disponibilidad de agua es, no obstante, menor que la de los pueblos occidentales de la comarca. La escasez se hace patente sobre todo en el caso de la aldea de la Huertezuela, casi en el límite con la provincia de Almería.
Todavía dentro de la sierra, en el paraje conocido como La Cerradura, se toma una acequia que mueve la mayor parte de los molinos y riega unas pocas paratas asociadas a ellos. Tras moler acaban vertiendo sus aguas de nuevo al río que las recoge en una presa de derivación (azud) a la altura del Molino Bajo. A la izquierda se toma la acequia de la Ermita y, a la derecha, la del Almendral.
Estas son las dos acequias madre que distribuyen el agua prácticamente a toda la vega. La del Almendral va cogiendo altura regando la pará o pago de la Cruz que llega hasta la antigua carretera nacional 324. En las eras de Cagarro, cabecera de una vaguada, se parte el Almendral: un brazal alto a la derecha riega desde allí la pará del Cortijo, que ocupa toda la loma Sur del pequeño barranco; el otro se dirige hacia el Noreste, al otro lado de la vaguada. Riega primero la pará de La Loma, la más alta, y desciende dando agua a derecha e izquierda en las parás de Cabo Camino y Carboneros Alto y Bajo. Finalmente muere en el propio río Izfalada.
Por la izquierda, la acequia de la Ermita corre al mismo nivel que la del Almendral y va a llegar hasta la balsa del pueblo. Riega primero la pará de La Mata la Ciega y da agua al Castañar primero y a la pará del Molino de Carmelo. Al final de las eras sale un brazal que continúa recto en dirección Norte. El ramal principal guarda dirección Este atravesando con un acueducto moderno la antigua carretera nacional 324. Antes de llegar a la balsa se toman tres acequias hacia el llano, al Norte. Son la de los Puentes, la de los Cerezos y la Desechadera. Por la izquierda, hacia el barranco del río, lo hacen la de los Chorrillos y la de la Era.
La balsa de San Marcos es la que regula a partir de aquí el riego. De ella sale una única acequia que enseguida se divide en dos. Hacia el Norte, paralela a todas las anteriores, se dirige la acequia del Polvo o del Fondón, que riega la vega y el campo, y de la que se toma a su vez la de la Longaniza que riega la parte más occidental del campo. Hacia el Este continúa la acequia de los Villares, que riega la vega hasta su extremo más oriental. De la de los Villares se deriva la de Izfalada, también hacia el Norte, de la que al mismo tiempo sale la de Las Perillas, que vuelve hacia el Oeste para unirse de nuevo con la acequia del Polvo. La acequia de Izfalada tiene un largo recorrido dando agua al campo, torciendo al final del mismo hacia el Oeste y partiendo en dos los términos municipales de Dólar y Ferreira.
Junto al río Izfalada, también la margen derecha, se riegan también dos pequeños pagos más. Ambos están más abajo del pueblo y aprovechan las aguas sobrantes.
La vega de Huéneja se completa con un complejo sistema de cimbras construidas en el lecho del río Izfalada que servían para regar los márgenes del cauce y la vega de la Huertezuela. Hoy en día están prácticamente en desuso y han sido sustituidas por pozos con bombas mecánicas. En total hemos conseguido documentar ocho cimbras: La primera es la de los Gallegos; la de las Viñas de los Correos; la del Cortijo de los Cecilios, etc. Con toda seguridad debió haber más estructuras de este tipo puesto que la vega de la Huertezuela riega con ellas.
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Las vías de comunicación y la ganadería
En el Zenete existían fundamentalmente dos vías que comunicaban de Este a Oeste la comarca en el camino que iba desde Guadix hacia Almería. Ambos caminos están documentados al desde el s. XII, cuando el geógrafo al-Idrisi los menciona. Al Sur discurría uno que recorría todas las localidades situadas en el pie de monte de Sierra Nevada. Al Norte, al pie de la Sierra de Baza, otra vía más recta atravesaba el llano desde Guadix directamente hasta Fiñana. Este segundo camino es posible que fuera parte de una antigua via romana que pusiera en comunicación la colonia accitana con la zona costera almeriense.
En ambos casos han quedado huellas de estos caminos en los aljibes que abastecían a los viajeros y al ganado ya fuera trashumante o de la propia comarca. Las acequias del campo abastecían también estos aljibes. En los llanos encontramos diversos aljibes, algunos de ellos ya desaparecidos. En el campo de Lanteira, poco antes de que se parta la acequia de los Aslos, en el cruce del camino de Alcudia con el camino de los Mineros que venía de Jérez, había un aljibe de una sola nave cubierto con bóveda de cañón de mampostería hoy desaparecido.
En el Campo de Ferreira encontramos otros dos aljibes. Uno se encuentra junto a la autovía, a la derecha de la acequia de las Particiones que le daba agua. Es de una sola nave, orientada de Este a Oeste, con bóveda de cañón en mampostería. Esta colmatado en buena medida y su bóveda parcialmente arruinada, pero en el lado Oeste tiene el arranque de un pequeño arco que debía servir de entrada para su limpieza y seguramente para coger agua. En el tímpano de este mismo lado hay una abertura para la entrada del agua desde la acequia.
El segundo se denomina el Aljibe Blanco. Está al Este, junto al límite con el campo de Dólar, pero mucho más al Norte. Tiene también una sola nave cubierta por bóveda de mampostería. En la bóveda hay un agujero que podría haber servido de brocal y, en el lado Noreste, una abertura sin arranque de arco a la que se abren unas pequeñas escaleras de obra para bajar al aljibe.
En Dólar la acequia de los Trances Morenos o las Presillas abastecía también el aljibe del Espino, junto a la autovía. Se trata de una construcción de las mismas características que las descritas: con una sola nave cubierta por bóveda de cañón de mampostería.
Las acequias del campo de Huéneja abastecían también a algunos aljibes. El más cercano a Huéneja es el llamado de S. Felipe Santiago, situado junto a la estación de servicio de la autovía a Almería. Pero la mayoría de ellos se sitúan sobre el antiguo cordel de Guadix a Almería, al pie de la Sierra de Baza, en las ventas que jalonaban el camino para descanso de viajeros y bestias. De Este a Oeste encontramos el de la Venta del Espinar, el de la Vuelta la acequia (hoy Corrales del Misto), La Torrecilla, Venta de la Tuerta, La Estación, Los Pajaritos (hoy Venta del Moro), Venta de Dólar, Venta de Ferreira y Venta de Vinagre. La mayor parte están situados en el llano y se abastecen de la acequia de Izfalada, sobre la que se sitúan.
De todos estos, quizá los más interesantes sean los de S. Felipe Santiago y el de La Torrecilla. Es posible que estos sean los más antiguos por su situación. El de la Torrecilla está sobre la rambla del Gobernador, cerca de la torre atalaya de Huéneja y separado del cordel de Guadix a Almería, por lo que es probable que no pertenezca al mismo aunque pudiera ser utilizado por los viajeros. Es de una sola nave con bóveda de cañón en mampostería. Es muy similar al resto de los que se sitúan en el inicio del campo en los demás pueblos.(Texto extraído del libro de José Mª Martín Civantos, Poblamiento y Territorio Medieval en el Zenete (Granada). Publicado por la Universidad de Granada en 2007)
LA MINERÍA EN EL ZENETE
Uno de los aspectos que más destaca en el Zenete y que va a condicionar gran parte de su evolución es la minería. Su importancia radica en las características de la estructura geológica de la región. Los procesos metalogénicos dan lugar a dos tipos de mineralizaciones diferentes: De una parte, en la serie paleozóica abundan sobre todo las filonianas, que se han interpretado como resultado del relleno de fracturas. Sin embargo, los más importantes yacimientos de hierro de las Béticas son mineralizaciones estratoligadas en los mármoles permotriásicos o triásicos. A este último tipo pertenecen las mineralizaciones de las imponentes Minas del Marquesado, comenzadas a explotar a final del siglo XIX entre los pueblos de Alquife, Aldeire y La Calahorra, de las que se extraía hierro en un contexto de mármoles nevado-filábrides. Sus explotaciones son visibles desde buena parte de la región y han marcado su paisaje. Hoy definitivamente clausuradas, el cierre de las minas supone para la comarca el fin de una larga historia de actividad no sólo extractiva, sino también metalúrgica, dedicada fundamentalmente al hierro, pero igualmente al cobre y a la plata.Hablar de la minería histórica resulta complicado. Su investigación resulta difícil no solo por los condicionantes físicos, sino también porque la actividad minera es especialmente destructiva por su misma naturaleza y lo será más con la introducción de métodos modernos de explotación y la tecnología incorporada a partir del siglo XIX. Desde entonces desaparecerán engullidas o enterradas una parte importante de las minas de época preindustrial. Aún así, en numerosos yacimientos es posible rastrearlas a través de las labores modernas que las cortan, pero no las hacen desaparecer completamente. En estos casos es necesario utilizar un método regresivo, intentando separar aquello que es más moderno de lo más antiguo mediante la estratigrafía, el estudio de la documentación de archivo e informes de minas, la observación de las huellas de trabajo, etc.
.1.- Jérez del Marquesado.
A los yacimientos filonianos pertenecen las minas de Jérez del Marquesado, que incluyen las Minas de Santa Constanza, situadas al Oeste de la localidad. En el grupo de Santa Constanza existen numerosas concesiones que arrancan desde el siglo XIX. La más importante de todas es “La Jerezana”, donde se encontraban aún en 1929 numerosas labores. Hoy en parte han desaparecido o son de difícil identificación. En ella encontramos ocho filones distintos. El Santa Ana es el más importante de todos y el que con mayor intensidad se explotaó. De ella se extraía fundamentalmente cobre, tanto en forma nativa como en óxidos.Las minas comienzan a explotarse de forma temprana. En la ladera del Cerro de Alrután, donde están enclavadas las explotaciones, se documentó, aunque de forma aislada, una cista argárica de la Edad del Bronce. Este hallazgo, junto con el importante yacimiento de Alrután, debería de relacionarse con una primera actividad extractiva y metalúrgica durante la prehistoria que podría arrancar, para el caso de este asentamiento, desde la Edad del Cobre. No sería de extrañar si tenemos en cuenta la importante presencia de cobre gris nativo fácil de transformar. Con mayor seguridad sabemos que, en época ibérica, comienza a desarrollarse una actividad minera más sistemática e importante. Con ella está relacionada este mismo yacimiento y la cercana ermita de Cogollos, distante tan sólo un kilómetro y situada también sobre las minas. La ocupación de Alrután se prolongará hasta el tercer cuarto del s. I a.C. para ser abandonado entonces coincidiendo con la fundación de la colonia romana de Acci (Guadix). No volverá a ser reocupado hasta cuatro siglos después, en el V d.C., a raíz de la crisis del Imperio Romano que causó un movimiento de parte de la población hacia lugares de refugio. No sabemos si la explotación minera continuó en el lapso de tiempo intermedio. Sin duda, la creación de la colonia accitana supuso una reordenación del territorio y su orientación económica. En cualquier caso, la reocupación del yacimiento si supondrá la reactivación de la actividad metalúrgica en el mismo y, en consecuencia, de la extracción de mineral. Dentro de sus murallas es fácil ver escorias abundantes y numerosos restos de hornos de fundición fabricados con arcilla roja refractaria; muchos fragmentos se encuentran sobrecocidos y vitrificados en lo que sería la cara interna del horno y en algunos fragmentos se aprecian las toberas para la inyección de aire desde el exterior. Alrután se abandona definitivamente en el s. X, seguramente tras la campaña de ‘Abd al-Rahman III en la región del Zenete en el año 300/913.
Además de este yacimiento, se han localizado otros dos en la zona llana en el Cortijo de Juan Herrera y el Puntal de los Caserones (Alcázar 01), que también tienen restos de actividad metalúrgica y cuya cronología no va más allá del s. XI.
En el año 1330, cuando se menciona en documentos árabes, a propósito de la venta de propiedades reales, se menciona el al-ma‘adan al-safra, “la mina de cobre”, por lo que es posible que siguieran en explotación en época nazarí.
En época castellana no parece explotarse el cobre del Zenete. Los marqueses hasta la expulsión de los moriscos no hacen uso más que de Alquife y su hierro, para lo cual construirán unas herrerías en Jérez y otras en el vecino pueblo de Lugros. Los vecinos estaban obligados a suministrar el carbón vegetal, a cambio del cual se les pagaba 60 maravedis por carga, y a ayudar en el transporte de las pesadas piezas de madera procedentes de los pinares de la Sierra de Baza para los martillos, ruedas hidráulicas y demás medios mecánicos.
Las minas parecen no estar en explotación hasta 1850, cuando comienza la época de principal actividad. Esta se prolongará con varias etapas hasta 1908. El laboreo se reanudó de 1941 hasta 1954 aunque, en realidad, tan sólo hubo explotación durante los años 1947-1954.
.2.- Lanteira.
También las minas de Lanteira están formadas por yacimientos filonianos de características similares a los jerezanos. De ellas, las situadas en el cerro de las Minas son las más importantes. En él encontramos el grupo del “Campo de Marte” constituidas por las minas de “El Vagón”, “Aurora”, etc.
Este conjunto se caracteriza por la complejidad de su relleno, compuesto de cobre gris muy argentífero, calcopirita, estibina, pirita ferruginosa, siderita y sus productos de oxidación. El filón más trabajado y seguramente el más importante, es el denominado Santa Cecilia. Cerro de las Minas gran número de explotaciones.
Acerca de las minas de Lanteira hay, curiosamente, menos noticias aún que de las de Jérez. Una larga tradición que se confunde con la leyenda que hacía colocar en el “Campo de Marte” el famoso “pozo de Anibal”, de donde este general sacaba la plata con la que costear sus luchas contra los romanos. Nada hay de cierto en ello. Si existe, en cambio un asentamiento de época ibérica en el mismo cerro que explotó fundamentalmente la plata antes de la llegada de los romanos.
La cerámica romana en cambio parece poder adscribirse a una época ya tardía. Esto vendría a corroborar una tendencia que parece generalizarse de decaimiento de la actividad minera desde el s. I a.C hasta los ss. IV-V d.C.
La zona más interesante para intentar aclarar algo la evolución de la explotación está al Oeste de las minas, cerca de la casa forestal. Allí se encuentra la zona de fundición del s. XIX, el denominado “Chimeneón”. Junto a él, unos 50 m al Sureste, hallamos un área de fundición de una gran extensión, en la que las escorias y restos de hornos de fundición de barro parcialmente vitrificado se esparcen por la ladera en dirección al barranco de Fuente Castaño. Entre los escoriales es posible encontrar una relativa abundancia de cerámica tardorromana y altomedieval, que no parece llegar mucho más allá del comienzo de la época emiral (s. VIII). Teenemos noticias del hallazgo en el s. XIX, entre los desechos de fundición, de monedas fechadas en los años 652 y 672. Esta etapa de laboreo, coincidiendo en parte con la de Alrután en Jérez, podría ser la justificación del topónimo latino Lanteira, derivado de la voz argentaria, de argentum, “plata”, ya que este no parece provenir de una ocupación de época romana.
El abandono de la zona de fundición del “Chimeneón” coincide con la creación de un nuevo asentamiento cercano, el Castillo de la Reina, situado sobre el río del Pueblo y ocupado por primera vez de los ss. VIII al X. Aquí se localiza también una zona de fundición en la zona alta del cerro, bajo un afloramiento rocoso y alejado unos 150 m del castillo y el poblado. Aunque la fortificación vuelve a reocuparse en los ss. XII-XIII con una zona habitada adyacente, los restos de la fundición deben ser considerados como altomedievales.
No es este el único lugar ocupado en el s. VIII. Al Este del pueblo, cerca del Castillo del Barrio, en el lugar conocido como pago del Jarafí, se encuentran otros dos yacimientos sobre tres lomas: Benahaque y Benizahala. También son abundantes aquí las escorias de fundición, aunque no nos es posible determinar que mineral era el que se beneficiaba ni de donde provendría. Podría ser tanto del Cerro de las Minas como de una primera explotación de Alquife. El período de abandono de ambos es prolongado y difuso. Aún en el s. XII parece haber algún tipo de ocupación, pero no podemos saber si en una época tan tardía habría actividad metalúrgica.
A partir de aquí no podemos decir nada acerca de la explotación del yacimiento minero del “Campo de Marte”, del que las fuentes escritas no hacen mención, ni las árabes ni las castellanas. Los marqueses, como dijimos, solo parecen beneficiar el hierro de Alquife. Es posible que, al contrario de lo que proponíamos para Santa Constanza (Jérez del M.), las minas quedaran completamente abandonadas. De todas formas, su recuerdo no se pierde y no debemos descartar el que se pudiera mantener alguna pequeña explotación particular y estacional.
La noticia escrita más antigua figura en el Registro de Minas de la Corona de Castilla y se refiere a la cédula otorgada el 12 de julio de 1710 a D. Manuel del Castillo y D. Damián Ramírez para explotar una mina de cobre descubierta por ellos en Lanteira en el Cerro llamado de la Mina. Por la concesión no sabemos si llegaron a realizarse trabajos o no, pero en 1841 sí funcionaba una fábrica de fundición y en 1847 se beneficiaron 1595 arrobas de plomo y una gran cantidad de mata de cobre que debía afinarse. Seguramente las instalaciones metalúrgicas a las que se refiere no sean las del “Chimeneón”, cercano a la casa forestal, sino unos restos más antiguos que son visibles en el barranco del río del Barrio, junto a la pista que lleva al Campo de Marte, sobre el molino de Pepe.
Como decimos, esta fábrica es, sin duda, más antigua que la del Cerro de las Minas, pero a falta de datos no podemos asegurar que se trate de una obra del s. XVIII o perteneciente ya a la fase de explotación decimonónica. Es probable que estas fueran las instalaciones empleadas por la Casa Heredia de Málaga para beneficiar parte de los escoriales antiguos refundiéndolos con éxito.
Según la Revista Minera de 1888 las minas de Lanteira, al igual que las de Jérez, fueron objeto de intensos trabajos entre los años 1866-1871. Se prepararon entonces para una gran explotación que no se llevó a cabo por los excesivos gastos. La empresa concesionaria fue la misma sociedad que en Santa Constanza: la Compañía Jeres-Lanteira, de capital francés, fundada por M. Bontoux. A ella se debe la construcción del “Chimeneón de Isabel II” y su fundición aunque, según los informes de minas, las explotaciones hubieron de cerrarse en el 1900 porque no se podían fundir sus minerales en Santa Constanza al mismo tiempo que los de la Jerezana. A pesar de los esfuerzos de D. José López Romero, vecino de Lanteira conocido como “Tío Seguro”, por limpiar las labores e intentar ponerlas en funcionamiento, las minas no volverán a recobrar su actividad.
.3.- Alquife.
Las conocidas minas de hierro de Alquife están formadas por mineralizaciones de óxidos e hidróxidos de hierro —hematites y goethitas— estratoligadas en los mármoles permotriásicos o triásicos. Su potencia varía pasando de unos pocos metros en las zonas de borde en el Cerro de Alquife hasta alcanzar los 250 m en la zona central formando una estructura de cubeta.
El yacimiento de Alquife constituye el potencial de hierro más importante de la Unión Europea. A pesar de ello, la explotación permanece cerrada desde hace algunos años, clausurándose con ella toda una tradición minera para la comarca. De manera ininterrumpida durante treinta años, hasta el cese de la extracción en 1996, fue el principal centro productor de mineral de hierro de España. De aquí salieron en dirección a diversas siderurgias europeas cerca de 120 millones de toneladas de mineral a lo largo del siglo XX. El paisaje creado por las minas es el resultado de una evolución histórica compleja, especialmente intensa desde finales del s. XIX. En la actualidad, las enormes escombreras de la corta a cielo abierto son visibles desde toda la comarca pero, sin duda, más impresionante resulta asomarse a la explotación a cielo abierto, con casi 300 m de profundidad, llena hoy día más de la mitad del agua del acuífero que poco a poco se ha ido recuperando creando un gran lago artificial.
Inmediatamente al Sur se encuentra el Cerro del Castillo, cuyo proceso de transformación debió de comenzar con la conquista castellana hasta llegar al paisaje que podemos contemplar hoy. En torno a las ruinas del castillo que coronan la elevación de mármoles y mineral de hierro, encontramos numerosas cavidades y cortes en la roca, algunos de un tamaño verdaderamente considerable, otros son simples bocas de galerías y pozos. El largo período de explotación —como mínimo desde el siglo XI hasta mediados del XX—, la destructiva actividad de la última etapa y las transformaciones causadas por los derrumbes de galerías y paredes de cortas hacen muy difícil una interpretación.
Es evidente que se han ido sucediendo diversos tipos de explotación a lo largo de varios siglos hasta culminar con la gran corta a cielo abierto practicada al Norte del castillo. Esta rompió parte de las explotaciones anteriores o bien las sepultó bajo sus enormes escombreras como ocurre en las laderas Norte y Oeste.
A partir de 1900 “The Alquife Mines” comenzará un programa intenso de prospección y explotación del yacimiento. En ese momento eran visibles numerosas labores antiguas denominadas como cuevas, entre las que se encontraba la “Cueva de los Ladrones”, de los “Almendros”, “de las Cinco Bocas”, etc.
En el s. XI surge el castillo en la parte alta del cerro. Su construcción marca un hito en el proceso de concentración de la producción minera del Zenete que comienza con el abandono de numerosos asentamientos que existían en época emiral (ss. VIII-IX) en los que se encuentran numerosas escorias de fundición en superficie y que son abandonados con la creación del califato de Córdoba a comienzos del s. X. La construcción de esta fortificación, directamente sobre las minas, debe de ponerse sin duda en relación con el control de la explotación del hierro. De hecho, el nombre Alquife deriva del árabe al-Khaf, “La cueva”, que en dialecto andalusí deriva en la palaba “al-Khif”.
Ahora bien, identificar las labores medievales resulta una tarea muy difícil. Hemos documentado un laboreo subterráneo en estrechas galerías y cámaras al que precede una pequeña explotación superficial, en forma de trinchera o no, pero que, en cualquier caso e inexplicablemente, no llega a agotar las masas de mineral aflorante en la superficie. Es por tanto una estrategia de explotación que debe de ponerse en relación espacial con la existencia de la alquería antigua, situada en la ladera del cerro, junto al castillo. Es posible que, por razones de seguridad, se optase por la explotación subterránea tras ese arañado superficial del mineral aflorante.
Solo cuando la alquería se baje al llano será posible comenzar, a instancias ahora del marqués, la explotación a cielo abierto de las masas completas de mineral.
En época moderna la explotación se organizaba mediante el trabajo asalariado pero obligatorio de los vecinos de Alquife y Jérez, que extraían y transportaban el mineral y fabricaban carbón. Las herrerías de Jérez. La minería de época moderna está descapitalizada y es dependiente del marqués. El hecho de que no haya sistemas de explotación complejos antes de 1900 prueba que la minería debe mantenerse a un nivel muy primario. También es cierto que el tipo de mineralización y la topografía permiten, a través de técnicas simples, la explotación de grandes masas de mineral poco profundas o incluso superficiales sin problemas de desagüe ni casi de entibación. Es casi seguro incluso que ni siquiera se utilizara la pólvora y los barrenos para la extracción, empleados en Europa al menos desde el siglo XVI.
.4.- Aldeire.
En Aldeire, los yacimientos son de nuevo filonianos, del mismo tipo que los señalados para Jérez y Lanteira, pero de los que se extrajo fundamentalmente hierro y, en mucha menor medida cobre, plomo y plata. Son minas situadas entre los 1200 y 1800 m de altitud. Las explotaciones llegaron a profundizar menos de 100 m y son, sin duda, de una importancia muy inferior a las anteriormente descritas.
La historia de la minería de Aldeire es anterior al s. XX. En ella debió desempeñar un papel importante el edificio que se conoce como “La fábrica”, una fundición de grandes dimensiones que se encuentra en la punta de la Loma de Benabre, cerca del llano. Se trata de una estructura muy interesante, construida en mampostería y tapial calicastrado, que conserva gran parte de sus muros de manera casi completa. A pesar de su interés no ha podido por el momento fijar su cronología por falta de datos.
.5.- La Calahorra.
La minería en La Calahorra no ha explotado prácticamente ninguna mena metálica. Sin embargo, las explotaciones que pueden verse en el cerro del Castillo revisten interes: En la cara Sur, sobre las casas del pueblo, es visible una cantera medio arruinada que explotó en su día las filitas de color grisáceo-violeta, la conocida launa, empleada para construir las características cubiertas planas de las casas de Sierra Nevada. Pero en el cerro también se explotaron canteras para la construcción del castillo-palacio ya fuera en forma de mampuestos, sillarejos o sillares, fácilmente identificables en la ladera oriental. De esta misma zona se extrajeron bloques de caliza para la fabricación de cal en los hornos que aún son visibles y que estuvieron en funcionamiento hasta los años sesenta del s. XX. De ellos aún quedan tres en pie, los más modernos, pero junto a ellos sobreviven los restos de otras dos caleras más antiguas, con la misma estructura.
.6.-Ferreira.
Al denominado grupo de Ferreira, también de tipo filoniano, pertenecen un conjunto de minas del mismo pueblo, La Calahorra, Dólar y Huéneja, dispersas por sus términos municipales entre los 1100 y 1600 m de altura. Son explotaciones fundamentalmente dedicadas al hierro y cobre en pequeños filones de algunas decenas de metros de longitud.
La primera explotación que encontramos, hacia el Norte, es la del Cerro del Cardal. Toda la cima de la colina se encuentra ocupada por un importante yacimiento ibérico amurallado, posiblemente con un doble recinto por la ladera Norte. El asentamiento parece abandonarse en una fecha cercana al 125 a.C. y no vuelve a ocuparse hasta época altomedieval, desde el s. VIII al X. En él son visibles abundantes restos de tinajas con cordones digitados y cerámica a mano. Por su ladera se pueden ver fácilmente abundantes escorias de fundición de distinto tamaño y restos de hornos de barro del mismo tipo de los descritos en los yacimientos de Alrután, Cerro de las Minas y Castillo de la Reina, con cuya cronología coincide en principio. También como en los ejemplos anteriores nos inclinamos a pensar en una primera fase de explotación ibérica con un sistema de pozos y galerías y una reutilización de los mismos en época altomedieval. Es posible que sufriera una nueva reutilización en los ss. XVIII y XIX, tal vez en parte con carácter prospectivo.
Las segundas son las del Chozarín, al Sureste del pueblo y sobre el cerro del mismo nombre. Básicamente son calicatas. Cerca de la carretera del Puerto de la Ragua, a la altura de la casa forestal y del Castillejo, se encuentran las minas de la Dehesa de Viñas Bajas, consistentes en dos pequeñas calicatas que investigan óxidos y carbonatos de hierro.
Resulta muy complicado intentar saber a qué época podrían corresponderse todas estas pequeñas labores mineras que bien pudieran ser en parte modernas y tener un carácter prospectivo o tal vez podrían haber sido explotadas por los propios campesinos para llevar el mineral a la fundición que existía en el Cardal en el s. XIX. Por su simpleza nos inclinamos a pensar que deben ser de época preindustrial y realizadas sin ningún tipo de medios. No podemos relacionarlas con ningún asentamiento excepto la de Viñas Bajas, sobre las que se sitúa el yacimiento del Castillejo. En él, además de un pequeño refugio fortificado en la parte alta de la colina, se han identificado tres zonas de habitación y fundición con restos de escorias y de hornos del mismo tipo que los de los yacimientos anteriormente descritos. La cronología del Castillejo llega hasta el s. X pero no nos es posible precisar, aunque es lo más probable, si la construcción de este pequeño refugio se produciría en época emiral. Por debajo de él, a los espacios de residencia se les atribuye un período que oscilan entre los ss, V/VI-XI de Viñas Bajas 01 y VIII-XI de los otros dos —Viñas Bajas 02 y 03—. No sabemos si la actividad metalúrgica correspondería a todo el período de ocupación ni cual es la relación exacta entre estos asentamientos y el cercano del Cardal. Lo que si parece claro es que su abandono coincide también con el surgimiento del castillo de Alquife y con el proceso de concentración de la producción de hierro.
El topónimo Ferreira, del latín ferraria, hace precisamente referencia al beneficio de este metal. Deberíamos pensar en un topónimo fijado en época tardorromana o visigoda y relacionado con el asentamiento del Castillejo o con el Cardal.
.7.- Dólar.
La denominada como Mina del Polvorín se encuentra en la base del Cerro del Hornillo. La Mina de las Almas se ubica en el cerro del mismo nombre, unos 300 m al Sureste de la anterior. Por último, la Mina de Diego Almazán está unos 400 m al Suroeste de la anterior. Sobre el Cerro de las Almas, pero ya junto al límite con el término de Ferreira, se encuentra la Mina de Alejo. Los últimos dos indicios los hallamos en la margen derecha del barranco, en el Cerro de Piedras del Manco.
En Dólar no hay huellas de una explotación minera antigua, íbera o romana. Los únicos indicios ciertos de explotación minera son de época altomedieval. Los encontramos alrededor del Cerro de las Almas siguiendo un patrón igual al de Ferreira y su Castillejo. Al Sur se encuentra el Castillejo de Zamarriche. Está ubicado sobre el cerro del mismo nombre, que domina visualmente todo el valle de Dólar. La cerámica de superficie corresponde a época emiral (ss. VIII-X). Por debajo de este, alrededor de los indicios mineros del Cerro de las Almas, se puede observar una amplia zona de fundición con abundantes escorias coladas de gran tamaño y un lugar de asentamiento ocupado desde el s. VIII al XI. Inmediatamente al Norte, en el Cerro de Los Hornillos encontramos otro yacimiento con escorias algo más dispersas y de menor tamaño. Su cronología debe retrasarse de los s. V/VI al XI.
.8.- Huéneja.
En el más oriental de los ocho pueblos del Marquesado del Zenete, donde se estrecha el valle del Zalabí para dar paso a la cuenca del río Nacimiento, afloran los dos tipos de mineralizaciones: Al Sur, en Sierra Nevada, las filonianas y, al Norte, en la Sierra de Baza, el yacimiento ferruginoso de Alquife.
Las primeras las constituyen fundamentalmente las Minas de las Gachas y las de las Viñas, abandonadas en 1962. De ellas se benefició el hierro que fundamentalmente se presenta en forma de siderita. Las segundas minas, de carácter metasomático, son mucho más importantes, aunque no llegan a alcanzar las dimensiones y trascendencia de las de Alquife. De todas ellas destacaremos exclusivamente las situadas en el barranco de las Herrerías, donde se hallaron “señales de trabajos antiguos” y se apilan las escombreras antiguas y los restos de escoriales. Aunque su cronología no es posible fecharla por el momento, es probable que estuvieran en explotación en época medieval.
.9.- Evolución de la minería del Zenete en época medieval.
Tras una actividad intensa en época ibérica hasta el tercer cuarto del s. II a. C. se producirá un importante vacío en época romana seguramente debido a la falta de interés frente a las grandes explotaciones de regiones como la de Sierra Morena o Rio Tinto. El último de los asentamientos en abandonarse será el de Alrután (Jérez del M.), coincidiendo con la fundación de la colonia romana de Acci (Guadix).
Sin embarbo, durante la Antigüedad tardía y la Alta Edad Media se producirá una reactivación de la minería y la metalurgia con el surgimiento en los ss. V-VI de nuevos talleres, algunos junto a las zonas de explotación, reocupando en muchos casos asentamientos de época ibérica, pero otros lugares algo más alejados, situados en el llano.
Evidentemente, el carácter de estas explotaciones no es el mismo que el que se desarrollara en época ibérica y no responde a los sistemas de producción romanos. En un momento de descomposición de las estructuras antiguas, la extracción de mineral y su transformación deberán tener un significado bien distinto. La proliferación de talleres más o menos importantes supone una dispersión de la producción y una aparente falta de control ya sea estatal o particular, ejercido por algún dominus o señor. Sin embargo, el tamaño de estas fundiciones excede con toda seguridad las necesidades locales, por lo que una parte del metal debería salir al exterior. Debemos tener en cuenta además que en Jérez y Lanteira se explotaría el cobre y la plata pero, en Ferreira, con toda seguridad, era hierro lo que se beneficiaba.
La explotación en época tardorromana, como decimos, parece ser una continuación de la tradición anterior. Se seguirán aprovechando las mismas vetas a partir de la infraestructura heredada de época ibérica. Presumiblemente, la extracción se realizaría entonces desde los pozos y galerías ya abiertos, pero siguiendo ahora el filón de manera irregular a través de pequeñas cavidades que intentan aprovechar solamente las masas mineralizadas, sin sistemas de entibación o desagüe.
Tecnológicamente supone un retroceso importante que, como en otras muchas esferas económicas no es más que el resultado de la adaptación a las nuevas condiciones sociales creadas con la crisis del Mundo Antiguo. Este sistema de trabajo permite la extracción de cantidades pequeñas de mineral sin necesidad de realizar una inversión ni en trabajo ni en dinero. Sería desarrollado seguramente por campesinos como complemento de la actividad agrícola o ganadera, de manera más o menos organizada o coordinada.
La conquista árabo-beréber no supone una crisis ni un hito en la evolución y organización de la producción, que continúa marcada por la proliferación de centros dispersos de mediano tamaño y una atomización de las labores de extracción y transformación del mineral. Continúan ocupados la mayoría de los asentamientos anteriores aunque aparecen otros nuevos. Se abandona en cambio el Cerro de las Minas de Lanteira por un lugar más defendible: el Castillo de la Reina.
Pero en época emiral la actividad minera se verá afectada por el proceso de formación del Estado Islámico. De hecho, el de la metalurgia es un sector estratégico sin el que el propio Estado difícilmente puede subsistir. La cora de Ilbira, en la que se inserta el Zenete, se configura en esta primera época como un centro productor importante. Esta situación resulta llamativa si la comparamos con la de épocas anteriores de mayor "esplendor" de la minería en la Península Ibérica.
Muchos de estos centros de los que venimos hablando serán posteriormente abandonados con el final de periodo emiral. Son fundamentalmente los asentamientos situados en altura como Alrután (Jérez), el Castillo de la Reina (Lanteira) y El Cardal (Ferreira). Lo mismo ocurre con los refugios de El Castillejo de Ferreira y Zamarriche (Dólar) asociados a los asentamientos de pie de monte.
Efectivamente, el abandono de los lugares de altura no es más que uno de los síntomas de los cambios que se están produciendo en la sociedad andalusí. Esta evolución se plasma en una nueva reorganización del espacio y del poblamiento y coincide coincidir con el establecimiento de una red de alquerías y una nueva orientación del sistema productivo con la extensión de la agricultura de regadío que supondrá una amplia transformación del territorio.
Es en el s. XI se produce la ocupación del Cerro de Alquife. Aunque hay alguna cerámica adscribible al s. X, los vestigios más antiguos y lo suficientemente abundantes y, especialmente, la construcción del castillo, podemos datarlos en época taifa. Ya ha tenido lugar el proceso de formación de las vegas y la red de alquerías iniciada durante el emirato y el califato. La reorganización del poblamiento y del territorio y, sobre todo, la nueva orientación de las estrategias productivas de la zona no significan, necesariamente, un descenso de la producción minera, sino probablemente eso mismo: una nueva forma de organización de la actividad extractiva y metalúrgica. Seguramente el abandono de asentamientos conllevara una concentración de la producción que se realizará no sólo en Alquife, sino también en Jérez, donde se hay una mención a las minas de cobre en 1330.
No tenemos restos de la actividad de transformación de este mineral. Apenas es posible encontrar algunas escorias en el cerro. Casi con toda seguridad la fundición del mineral no se llevaba a cabo in situ. Sabemos que al menos una parte se trasladaba a la vecina ciudad de Guadix, de la que Ibn al-Jatib destaca en el s. XIV su industria del hierro.
Tras la conquista cristiana en 1489, Guadix sigue siendo un importante centro siderúrgico gracias, en buena medida, al mineral llegado de Alquife. Sin embargo, van a aparecer dos centros más en sendos pueblos cercanos: uno en Jérez y otro en Lugros. Se trata de herrerías construidas por el primer marques del Zenete, provistas de fuelles y martillos hidráulicos. No obstante, la minería de Alquife permanecerá descapitalizada y, tras el duro golpe de la expulsión de los moriscos en 1568, la comarca tardará mucho tiempo en recuperarse.





